En un lugar, cuya ubicación era desconocida para muchos, pero no se hallaba ni cerca ni lejos de nada ni nadie, habitaban los seres más brillantes y puros del universo, quienes se encargaban de proteger a todas las criaturas que habían sido creadas a semejanza del todopoderoso, el ser más grande y perfecto de todos.
Cada tres siglos los cinco ángeles guardianes se reunían para conmemorar la victoria de la guerra que había durado milenios y que aún permanecía en la memoria de todos. El gran portal que separaba los mundos era custodiado por los mismos, y se encargaban de revisarlo cada cierto tiempo para comprobar que no se deterioraba y que, por consecuente, no se les permitía el paso a esos a los que llamaban infernos.
En el tercer nivel del cielo se concebía tal ceremonia: los celestiales pensaban que era el nivel más apropiado para que todos alcanzaran a reunirse y así festejar que el sello del portal se renovaba, asegurando que no corrían ningún peligro.
-Elad, ya está todo preparado-anunciaba el simpático Zagzagel. Zagzagel era el más joven de los guardianes, pero su simpatía conseguía hacerle destacar frente al resto-padre y madre están por llegar, así que debemos comenzar.
-¿Y Sarael?-Elad contemplaba a cada miembro del círculo comprobando la ausencia de uno.
-Aún no ha llegado-intervino Uriel, la segunda guardiana, conociendo el mal pensamiento que sostenía Elad sobre Sarael.-Ya lo conoces, es algo impuntual, pero aseguró que estaría aquí antes que padre y madre.
-No pienso ofrecer más advertencias, conoce muy bien las reglas-Elad, desdeñoso, hizo un gesto al resto de ángeles para que iniciasen la preparación del ritual de la fijación del sello. La luna comenzaba a disiparse, y no podían retrasarlo más.
-Aparta ese mal de tu corazón, hermano, es un día para estar felices y celebrar-sujetó su mano Uriel, el único ángel femenino guardián, que pretendía calmar a su hermano mayor.-recuerda lo que quieres pedirle hoy a padre.
-Sí, tienes razón-Elad sujetó la mano de Zagzagel, y este sujetó la de Gaghiel, el cuarto guardián que había permanecido en silencio todo el tiempo.-debemos comenzar sin él.
-Pero Elad-quiso detenerle Zagzagel, pero Elad no se lo permitió.
-Empecemos-ordenó. Elad no estaba dispuesto a esperar al tercer guardián que decidía ausentarse en un día tan importante y que arriesgaba con ello todo el progreso de los celestiales.
Se formó un círculo con los cuatro miembros tomados de la mano que debían ocupar con sus habilidades, y entre Gaghiel y Uriel quedó un hueco vacío que debía rellenar Sarael. Las alabanzas de los terranos se oían en el fondo, dando un ambiente más festivo y agradable para los propios ángeles, aunque se encontraban muy alejados de estos para conocer lo que ocurría realmente.
El ritual constaba de predicar relatos sagrados en honor al todopoderoso que debían conocer de memoria para rehabilitar el sello que mantenía el portal cerrado, haciéndolo inexpugnable. Se realizaba cada trescientos años concluyendo el final y el inicio de un nuevo ciclo, siendo el tiempo que tardaba en expedir el hechizo. Recordaba a todos los presentes lo importante que era mantener bajo custodia aquel portal que una vez había estado abierto, y por el que se lamentaron por mucho tiempo.
-Hoy nos reunimos aquí, como es costumbre cada tres siglos, para agradecer al misericordioso y todopoderoso, por permitirnos hallar la paz durante tanto tiempo-comenzó Elad a recitar y la primera luz azul, eléctrica, que le pertenecía a él mismo, apareció en el interior del círculo que los guardianes habían formado.
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DEMONIOS
FantasyDesde tiempos inmemoriales los celestiales y los infernos han disputado por el poder absoluto de los reinos, mundos y espacios. Por ello los terranos fueron involucrados creyendo que la solución residía en ellos. Cuando Daphne, una mortal corriente...
