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El orfanato

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(Arriba: Julia Adamenko/ Catherine Cindetsand)

Orfanato de Cindersand, 15:46

El orfanato de Cindersand era uno de los más grandes de la zona. Su aspecto era viejo, tenía todas las piedras desgastadas y grandes telarañas colgaban de las esquinas, producto de la poca limpieza del lugar.

Sin embargo, no destacaba tanto como cabía esperar.
Si bien era cierto que estaba rodeado de edificios señoriales, llenos de columnas y balcones, la mayoría estaban deshabitados dada la distancia desde el barrio hasta el centro.

Catherine entendía muy bien a aquella gente que había decidido marchar de allí, pues era el sitio más aburrido que conocía.

El lugar era un desierto, tanto por la falta de edificios como por el calor y la falta de agua que había. El suelo era árido y cuando soplaba el viento se te metía en los ojos como si fuese arena, algo increíblemente molesto.

La chica se apoyó en la repisa de la ventana y deslizó la vista hasta los barrios más ricos de la ciudad, Privet Drive y Hamilton Bridge. Por supuesto había muchos más, pero desde su ventana en el cuarto piso del edificio no alcanzaba a ver más.

Ella misma habría cambiado todo lo que tenía por vivir en una  de esas casas, con tejado rojo brillante y el césped, verde a causa de los aspersores, perfectamente cortado.

A veces Catherine pasaba el tiempo imaginando las vidas de aquella gente.

- Uf que calor hace - decía un imaginario señor de traje al llegar a su casa después de trabajar, dando un beso a su esposa.

- Pondré el aire acondicionado - decía ella entonces, mientras acababa de servir la mesa.

La señora cogió el último plato que la quedaba, una enorme tarta de fresas, y lo dejo en la mesa, abarrotada de deliciosa comida.

Para entonces a la pelirroja ya se le había echo la boca agua.

Un chico entró en el comedor imaginario y frunció el ceño. Tenía pinta de ser un maleducado niño mimado. Y lo era, pues en cuanto vio que la tarta era de fresas y no de chocolate empezó a gritar.

La madre entonces le tranquilizó, prometiéndole que prepararía una en ese mismo instante. Y sin más, tiro la que su maleducado hijo no quería a la basura.

Catherine sintió como la rabia crecía en su interior, aunque se lo había inventado ella misma sabía que había gente que hacía eso realmente.

Y esa gente no estaba tan lejos

4 de Privet Drive, 18:36

- ¡Te dije que cogieses de las de la otra marca, no estas! - chilló un chico de unos 15 años, aunque aparentaba más debido a su voluminosa barriga.

- Perdona cariñin, me he confundido. Tu no te preocupes que ahora vuelvo al supermercado a por ellas.

- ¡Pero yo las quiero ahora!

Un flacucho chico que había en una esquina de la estancia sopló con fuerza al ver la escena y se metió en su habitación.

Llamar habitación a esa estrecha alacena era tan optimista como decir que su primo Dudley tenía un poco más de peso del que le correspondía.

Harry cerró la puerta pero aún así se podían escuchar los berridos de Dudley y la aguda voz de tía Petunia, que, aunque tenía la casa inmaculada, procuraba no limpiar en la alacena.

Si había alguien más maleducado y asqueroso que aquellos dos era su tío Vernon, que había ido a recoger a su hermana Marge al aeropuerto. Aquella desagradable señora no se quedaba tampoco muy atrás, ya que uno de sus hobbys preferidos era, sin lugar a dudas, jugar a "haz la vida imposible a Harry", juego que había inventado Vernon y al que los otros tres individuos se habían agregado sin dudarlo.

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⏰ Last updated: Sep 08, 2019 ⏰

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