Agosto, 1998.
En algún lugar de Inglaterra.
Sus pies tocaron tierra firme de nuevo, se sintió mareado y a punto de vomitar. Necesitado de algún apoyo para recuperar el equilibrio, se sujetó momentáneamente de la persona a su lado derecho, quien lo miró con el ceño fruncido y rodó los ojos.
—No puedo creer que aun no te acostumbres, Malfoy. — la voz del pelirrojo sonaba burlesca y fastidiada a partes iguales, y Draco tuvo que tragarse una buena ración de insultos dirigidos al chico.
—Ron. — dijo el pelinegro, parado al otro lado del rubio, a modo de advertencia. «Eso es Potter, controla a tu perra», pensó Draco con enojo. —¿Estás bien, Mafoy?
El rubio asintió con la cabeza, ligeramente sorprendido por la pregunta. No abrió la boca, porque estaba consciente de que si lo hacia, lo más probable es que lo único que saliera de ella fueran improperios, e insultar a los aurores no estaba permitido en el trato que firmó con el Ministerio de Magia.
Unos días después de la batalla de Hogwarts, los juicios de aquellos que fueron partidarios de Lord Voldemort, comenzaron. La mayoría de los que habían atrapado fueron enviados a Azkaban; sin embargo había algunas excepciones, por ejemplo, quienes fueron influenciados por la maldición Imperius, o los menores de edad que habían seguido el ejemplo de sus familiares (o habían sido obligados por éstos), como era el caso de Draco Malfoy.
El consejo no estuvo conforme con simplemente dejar al chico en libertad, por lo que le fue encomendada la tarea de ayudar tanto como le fuera posible con la localización de ex-mortífagos que habían logrado escapar después del derrocamiento del Señor Oscuro.
Ahora se encontraba, acompañado por nada más y nada menos que Harry Potter, Ronald Weasley y Lukas Cormac, en una misión para capturar a Antonie Callahan quien había sido visto por Cormac esa misma semana.
—Bien. No perdamos más tiempo.
Draco comúnmente solo brindaba información acerca de los posibles lugares donde los ex-mortífagos podrían esconderse. Sólo había acudido a misión en cinco ocasiones, en todas acompañado de Harry Potter. El muy desgraciado pedía (curiosa y sospechosamente) todas las misiones en las que Draco debía participar. Al parecer quería tenerlo en observación por si al rubio se le ocurría tramar algo en contra del ministerio. Idiota. ¿No había dejado ya claro que estaba cansado de ser el villano de la historia?
Comenzaron a avanzar, dejando atrás el bosque donde se habían aparecido, dirigiéndose a la extraña casa frente a ellos que, según Cormac, era la guarida de Callahan.
La casa, parecía un buen escondite, a decir verdad. Cualquiera que pasara por ahí de casualidad pensaría que nadie ha habitado ese lugar en al menos cincuenta años. Era de dos pisos con al menos seis o siete cuartos cada uno, el color de las paredes no se distinguía por el moho que las cubría, las ventanas tenían los vidrios rotos, e incluso el aire alrededor daba un poco de miedo.
No necesitaron de un alohomora para ingresar, pues la puerta estaba abierta... Alto. ¿Por qué demonios estaba la puerta abierta? ¿No se supone que una guarida secreta sea segura, o al menos de difícil acceso? «Esto comienza a parecer más una trampa segura», pensó Draco. Y por la expresión en la cara de sus compañeros supo que no era el único que comenzaba a sospechar.
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Drarry One Shots
Romance"El niño que sobrevivió" y "el chico que no tuvo elección". Pequeñas historias cuya pareja principal será Drarry (en su mayoría). Si la pareja en sí no es de tu agrado, o si sólo eres una estúpida persona homofóbica, ahorrate tus comentarios. •Todo...
