I-. Amanecer

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Al igual que todos los días de clases, Irina se levantó con pereza, revisó su celular para comprobar la hora y bufó al comprobar que ya se encontraba atrasada. Su hermana Antonella, por su parte, ya se encontraba lista, y ansiosa por la demora de su hermana mayor comenzó a apurarla.

- Se supone que tienes dieciocho, eres mayor de edad y mayor que yo, deberías ser menos holgazana hermanita, no puedo estar levantandote todos los días- la menor sonrió al comprobar que su hermana mayor la miraba con su inigualable cara mañanera, definitivamente su hermana odiaba levantarse temprano.
- Anto...- Irina giró en dirección a la atenta mirada de su pequeña hermana- No me siento preparada para esto - soltó un suspiro, mostrando que su problema no era el horario, sino que los pocos meses de clases que le quedaban, a decir verdad lo común es que todos preferirían salir y demostrar cuan adultos son, pero ella no, Irina detestaba la idea de crecer, los problemas y por sobre todo, su indecisión, aún no tenía certeza de que elegiría como su "carrera de vida", la voz de su hermana mayor surgió desde lo profundo de su mente, "tienes que estar segura de lo que quieres, no puedes elegir por el sueldo, piensa en tu felicidad, recuerda que tú elección será la que desarrolles en tu vida, y creeme, hacer algo que odias no te traerá felicidad".

- odio que tenga razón, ¿Porqué esto no puede ser más simple?- su pensamiento fue interrumpido por la llegada de su madre, quién la miró con el seño fruncido, entonces Irina reparó en el echo de que estaba atrasada y sin más se marchó corriendo.
Al llegar a la parada del bus, observó a sus vecinos, los saludo a todos para luego ver a el chico que le robaba los suspiros, aquel joven era el menor de la Familia de al lado, era un amigo muy cercano y varias veces escucho a la Joven hablar sin parar de sus molestias, sueños y curiosidades. Él conocía los sentimientos de ella y siempre intentaba no ilucionarla, o eso creía Irina.
- Creí que no irías- mencionó la joven con su mirada atenta en el muchacho.
- yo igual, pero el viaje se atrasó hasta la tarde- el joven miro a su curiosa amiga y luego al bus que paraba frente a ellos, Irina fue la primera en subir, con una enorme sonrisa saludo al conductor y se dirigió a buscar un asiento.
Una de las pasiones de la chica era leer, pero ese día definitivamente no podía concentrarse, Su amigo se iría a la capital del país por una semana con sus papás, e inevitablemente le  extrañaría.

la Joven llegó a la escuela y se dirigió a su primera clase, ella siempre entraba tarde, ya que tenía autorización de inspectoría, entró en silencio y reparó en que su profesor de biología se encontraba dando una charla motivacional, el tenía un extraño talento para ello, pero luego todo pensamiento se esfumó al momento en que éste mencionó lo que debía llevar el trabajo de investigación- primer día y ya pensando en evaluarnos, definitivamente uno de los profesores más exigente de todo el establecimiento- la Joven observó a sus compañeros y a los jóvenes del otro curso con el que compartían asignatura, el profesor aún hablaba por lo cual aún no le hablaba a ninguno, en cuanto tuvo oportunidad, de giró con una sonrisa y saludo a sus amigos, pero el saludo no duró mucho porque luego tocó el timbre y se debían movilizar a otra sala.
- Tú, mi beso- dijo Irina sería al muchacho alto y moreno que caminaba a su lado, este la miró y sin dudar la besó, en la mejilla por supuesto.
- Pequeña, ¿Quién llegó último?- una sonrisa se curvo en los labios del más alto.
- Te extrañe tanto, ¿Qué tal las vacaciones? Y ¿La familia?, Amigo lo siento pero sabes que adoro pedirte besitos- la joven hizo un puchero al momento en que su amigo la miraba con los ojos entrecerrados, no podía creer lo infantil que actuaba a veces su mejor amiga.
- ¿Kako?, Tierra llamando a Kako... ¿Qué cosas sucias pasan por tu cabeza?- y esas palabras bastaron para que el mencionado aterrizara y  mirará curioso a la Joven
-¿Porque siempre cree que pienso cosas sucias?, Ah verdad, suelo fastidiarla así- río para sus adentros mientras se obligaba a caminar.

El resto del día pasó rápido, entre bromas, recuerdos y anécdotas de las vacaciones de invierno, al final del día, los recuerdos y las conversaciones divertidas eran lo que quedaban.
Irina era feliz, tenía un buen grupo de amigos, una buena familia, y vivía en una zona tranquila, demaciado para su gusto, ya que los únicos ruidos que escuchaba por las noches, eran los de las vacas.
Pero eso nunca fue un problema, amaba los animales, por otro lado, la joven se sentía algo frustrada, tenía una idea y al parecer, está no sería del agrado de sus padres, ella no quería hacerlos sufrir, pero era necesario, eso era lo único seguro en todo ello, por lo cual sería su secreto, hasta que fuera necesario.

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