¡Al fin! Estábamos llegando, a la que sería nuestro nuevo hogar, mudarse de casa es difícil para muchos, nueva escuela, nueva cuadra y sobre todo nuevas personas Para mí era diferente, estaba acostumbrada a el cambio de trabajo de mis padres, por lo tanto, estaba acostumbrada vivir como nómada. Al llegar a la entrada se observaba una casa grande de rejas bonitas, su fachada tenía un aspecto desgastado, nada que no se pueda arreglar con un poco de pintura. Mi padre estacionó el auto, en la entrada nos esperaba una señora de avanzada edad, que supuse que era el ama de llaves, un señor de unos 40 años y un joven al cual le pondría más o menos años , un poco mayor que yo ya que yo solo tenía 16. Los señores y el joven nos saludaron amablemente dándonos la bienvenida. Doretta, la señora, era el ama de llaves, José el cuidandero y el joven, llamado Ángel, era su acompañante, ayudando a su padre. Nos invitaron a pasar, mi padre, esta vez, había adquirido la casa con todos los muebles, al menos la mayoría a excepción de adornos y algunos muebles de las habitaciones, como estantes, tocadores, entre otros. La casa poseía aspecto de penumbra, al ingresar un escalofrío recorrió cada punta de mi cuerpo, algo no andaba bien, pero decidí ignorarlo.
Recorrimos toda la casa, era espaciosa, y con muchas habitaciones que luego recorrería. Llegamos a mi habitación, era un completo desastre, paredes pintadas de un color piel extremadamente claro solo se encontraba la cama, con dos almohadones muy esponjosos fabricados con plumas y un pequeño tocador de madera color blanco hueso que se aparentaba desgastado al igual que todo lo demás , del resto era polvo y cajas cerradas, no dormiría allí.
-creo que no podrás dormir aquí por ahora, Mariana- dijo mi madre.
-justo lo que pensaba-dije-necesita un cambio, un gran cambio.
Las siguientes semanas, me dediqué a acomodar las cosas, pinté mi habitación de un azul claro acompañado de blanco y toques de rojo con un gran grafiti en la pared izquierda, me parecía hermoso, aunque mis padres no aceptaran mis gustos de chica "rebelde". En ese lapso de tiempo, me volví muy cercana a Angel, me colaboraba todo el tiempo, al menos cuando estaba desocupado, todos los del servicio se volvieron mis amigos, son atentos y cariñosos, eso me gusta. Dormía con mis padres, solo hasta que terminaran mi habitación que muy pronto estaría lista.
. . .
Un mes después, ya todo estaba listo, por fin dormiría en mi habitación. Al caer la noche, justamente a las ocho y cuarto, me fui a dormir. No acostumbraba dormir tan temprano, pero la emoción de estrenar mi habitación me mataba, así que opté por acostarme, a los pocos minutos caí en un profundo sueño o mejor dicho, una horrible pesadilla.
En ese extraño sueño, me encontraba en lo que actualmente era mi habitación. Ya era de día, visualicé mi recamara, juré estar despierta, en la alfombra de esta había un pequeño animal bueno, no tan pequeño, como del tamaño de un almohadón, paseándose por esta, lo observé detenidamente, su aspecto era muy extraño, poseía una trompa larga con finos dientes a su final, cambiaba varias veces su color: primero verde, luego rojo, café y por último blanco. El animal al percatarse de mi presencia clavó sus ojos en mí. Eran rojos y brillantes como los de un rubí, rojos cual demonio que asecha tu habitación. Con ese pensamiento se apoderó el miedo de mi ser, pero mi curiosidad superaba mi miedo, era una de mis cualidades. Con sumo cuidado baje de mi cama, posicionando mis pies sobre el suelo frio, rápidamente la pequeña bestia muerde mi pie derecho, suelto un chillido extremadamente agudo, el animal trepa por mi pierna proporcionándome otro mordisco un poco más arriba de esta. En varios intentos, trato de quitármelo de encima, es inútil, solo logra trepar hasta mi cuello, me desperté.
Grité atemorizada, empapada en sudor frio y temblando, mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, jamás había sentido esto, era miedo. Ángel entró corriendo a mi habitación, al parecer me había escuchado, al ver mi estado se acercó y sin previo aviso me abrazó con fuerza, le conté sobre mi pesadilla y lloré mas no poder, trato de calmarme toda la noche, minutos después mis parpados se cerraron, dándole paso a un nuevo sueño.
Al día siguiente mi cuerpo se sentía pesado, no tenía fuerzas para levantarme, sentía cansancio y dolor, revisé mi cuello y piernas para asegurarme de que había sido solo un sueño lo de la noche anterior, no quería o más bien no quería levantarme, me sentía pesada. Al final lo logré, decidí no contarles a mis padres sobre la pesadilla, no los quería preocupar por un simple sueño, mi día transcurrió normal, terminé de desempacar y me fui a dormir. En todo el día no dejé de pensar en la extraña pesadilla que me atormentaba.
Esa noche soñé con el mismo animal, solo que esta vez dejé mi curiosidad a un lado, ignorando a la bestia que recorría mi habitación, no evite sentir un dolor punzante en mi cuello, justo donde el extraño animal me mordió la otra noche no le di importancia.
Al despertarme tenía fiebre, dolor de cabeza y me sentía mareada junto con una espiración agitada anormal. Le comenté a mi madre que me sentía mal, según ella estaba pálida, no se hizo esperar más y llamo a un médico. Este me reviso de pies a cabeza, me recomendó unos exámenes, diciendo que volvería en una semana para revisarlos.
La semana pasó y yo me sentía cada día peor, los exámenes se realizaron y ya era hora de que el médico los revisara, Al leerlos el doctor poseía una cara de sorpresa, ya sabía que no estaba en perfectas condiciones, pero no imagine que tanto. El médico les pidió a mis padres que le acompañaran afuera, no fue tan discreto que digamos, ya que escuche claramente cuando les comentaba que había contraído anemia, falta de glóbulos rojos, en otras palabras, falta de sangre. A mi madre se le escaparon un par de lágrimas. El medico comento que necesitaba una transfusión inmediata, el problema era mi tipo de sangre, muy difícil de encontrar y no era compatible con ningún otro tipo.
Después de esa consulta empeoré aún más, mi fatiga, cansancio y pesadez aumentaron hasta el punto de no querer levantarme ni para que me acomodaran los almohadones.
Mis padres trabajan día y noche, en busca de un donante, para mí era en vano.
Una mañana tenía sed y sin más me levante de la cama a buscar agua, mi madre al verme de pie me abrazo soltando algunas lágrimas, fue una mala idea. Esa noche estuve peor, empecé a tener alucinaciones con ese mismo mounstro, lo veía correr por mi habitación, trepar por mi cama y esconderse bajo mi almohada, una noche repetía la misma acción pero esta vez posicionando si trompa en mi cuello y succionando la poca sangre que tenía.
-¡ANGEL!-grite asustada.
-tranquila, soy yo, soy yo- le sonreí y volví a acostarme, quedando profundamente dormida.
Tres días después, soñé que ingresaba por una gran puerta blanca, con ángeles hermosos que cantaban y un gran banquete, era una fiesta, disfrute, bailando y cantando al ritmo de la música, al momento de volver, la puerta estaba cerrada, uno de los ángeles me decía- bienvenida a el cielo- y allí supe que ya no regresaría jamás.
. . .
Dos días después...
-¡señor Daniel, venga a ver esto!- gritaba Loretta, la joven empleada que había ingresado días atrás, antes del fallecimiento de la joven Mariana.
-que ocurre Loretta ¿Por qué tanto escándalo? - le decía un señor ingresando a la habitación
-obsérvelo usted mismo- al instante llega un joven alto ojos verdes.
-¿Qué pasa?¿por qué tanto escándalo?-preguntó
-mire joven ángel- dijo la mujer.
Era la cama de Mariana, a ángel ingresar a esa habitación le causaba nostalgia.
Muchos no sabían que en el poco tiempo que llevaba la chica en el hogar, había ocupado un gran espacio en el corazón de todas las personas que la habitaban.
-parece una mordida- dijo el señor Daniel, padre de la joven Mariana- Loretta, lleve el almohadón al patio y lávelo, solo es sangre-
La mujer obedeció inmediatamente.
-está pesado- se quejó la sirvienta.
-déjelo a ver, con permiso- dijo par luego sacar una navaja de su cinturón cortando el almohadón justo por la mitad, encontrándose así con un animal verde, el mismo que atormento a mariana hasta el final de sus días, absorbida por aquella bestia que tomaba de su sangre todas las noches.
"un mounstro de esperanzas y vida poca, se pega a su presa y la absorbe, llevándose todo, oxígeno y sangre hasta acabar con ella, matándole, quitándole su último aliento y consigo se lleva sus sueños. El mato despacio, pero la mató."
