la historia

14 1 0
                                        

Era un viernes por la noche donde el clima estaba tan relajante: no hacía ni frío pero tampoco calor, era el tipo de clima que amabas, el cuál era perfecto para celebrar tu cumpleaños número dieciocho. La persona a la que llamé mejor amigo, esa eras tú, siempre tan amable y con una sonrisa que iluminaba cualquier lugar en el que estabas. Eras tan querido, una persona llena de deseos y con muchas ganas de comerte el mundo. En cambio yo, en ese entonces pasaba por un mal rato y tú lo sabías más que nadie. Sabías los problemas familiares y mis problemas con el alcohol. No estabas tan orgulloso de mí, así como yo tampoco lo estaba. Sabía que me encontraba en un lugar al cual no pertenecía, pero en el que hacia que perdiera mis preocupaciones, al menos por un rato.

Tenía tiempo sin ir a nuestro vecindario, en el que ambos nacimos y crecimos. Todas nuestras aventuras estaban allí. Así es, en el mismo lugar donde nacieron tus esperanzas y en dónde murieron las mías.
No podía perderme el cumpleaños de mi amigo. Estaba feliz cuando recibí tu invitación, aquella que leí con mucho entusiasmo. Esperaba con ansias el día en el cual podría volver a verte y saludarte.

Sabía que estabas enamorado de mí, pero nunca respondí tus sentimientos. Estaba asustada por lo que era entonces y sabía que lo entendías. Por eso y más, siempre te estaré agradecida.
Sé que a veces era mala y me aprovechaba de tu nobleza. También te pido perdón por lo que te he hecho. No era la mejor persona del universo, lo sé y tú lo sabes igualmente, aún así seguías a mi lado. Nunca lo comprendí.

El día de tu cumpleaños te llevé un regalo, yo estaba emocionada porque lo abrieses. Entre y la mayoría de tus amigos estaba ahí, como era de esperarse. Teníamos amigos en común, los cuales deje de frecuentar cuando me fui, desde ese entonces solo los llamo conocidos.
Al igual que a ti, a ellos les sorprendió verme y no era de esperarse, ya que hacía mucho sin ir a ese lugar. Sabía que había cambiado, tanto física y mentalmente.
Sin pensarlo tú, con esa sonrisa resplandeciente que siempre tenías, me saludaste y abrazaste. Pude sentir tu olor recorriendo mis entrañas y tú suave tacto en mi espalda. Tenía las manos ocupadas pero intenté moverlas torpemente para corresponderte el abrazo. Después de eso me preguntaste cómo estaba y recibiste mi regalo, el cual te hizo feliz. Me acompañaste a el centro de tu casa y me ofreciste alguna bebida, yo solo sonreí y acepté. La verdad es que sabía que no iba a estar a tu lado esa noche, ya que tenías que estar con tus demás invitados. Yo solo me limité a apoyarme en algún rincón a observar como platicabas y reías con todos ellos.
Sabía que no iba a pasar mucho tiempo para irme y terminar en algún bar, llorando por todo lo sucedido. Así de estúpida era.
Seguí bebiendo y me prometí que no llegaría a extremos pero, de la nada termine en tus brazos recordándote todo aquello que pasó en nuestro pasado, llorando como una perdedora y tú sólo me consolabas a la par que acariciabas mi espalda.
No puedo describir la vergüenza que sentí después de recobrar la cordura. Estaba muy ebria, bailando arriba de tu mesa y diciendo tonterías. Lamento haber arruinado tu cumpleaños.

Desperté en tu cuarto, lo pude recordar. Estaba en tu cama y yo me escondía de la luz del sol, el cual me irritaba. Trate de levantarme pero caí por un mareo inevitable. Tenía que irme de ahí, ni siquiera estaba lista para verte a la cara. Estaba avergonzada. Pero fue en vano, ya que al bajar las escaleras estabas tú, sentado en tu sillón, leyendo algún libro sobre astrología, lo cual te fascinaba. Recuerdo la forma en la que me miraste, jamás podría olvidarla. Me preguntaste si tenía hambre, ya que habías hecho el desayuno. Me negué rotundamente, pero al final terminé en tu mesa, frente a tí, una vez más.

Pasaron semanas en las que no volví a verte, aún recuerdo que habíamos discutido, y sí, siempre como a una niña caprichosa dejabas que me fuera, pensando que había ganado, aunque yo sabía perfectamente que no era así. Tu eras bastante listo, recuerdo que en la escuela me explicabas ortografía, en la cual era bastante mala, y la disciplina que no tenía me la inculcabas. Te agradezco, aunque nada de eso me lo merecía y menos viniendo de ti.

Aquí estoy, en mi ventana, después de tanto tiempo, recordando lo estúpida que fuí. Aún sigo pensando en nuestro pasado y de verdad espero jamás tratar a nadie como lo hice contigo.
Mis adicciones desaparecieron y regresé a la universidad para lograr hacer a mi madre al menos un poco orgullosa. Quisiera que me vieras ahora y te des cuenta que he madurado. Que conversaras conmigo sobre cualquier cosa, como solíamos hacerlo. Eras tan amado, por tanta gente, aunque no te dieras cuenta. Sin embargo, seguías estando conmigo, incluso la gente a tu al rededor te preguntaba el por qué y... yo también.
Me dejaste una gran enseñanza y sé que fuí mala, siempre sentiré esta culpa en mi, y todos las disculpas que te di las rechazabas diciendo que no había problema, aunque sé que lo había. Y la verdad es que nunca respondí tus sentimientos porque estaba asustada de que te vieran de una mala forma por estar en una relación conmigo, más de la que ya te veían. Sabías que tenía una mala reputación pero no te importaba, yo solo te quería proteger aunque sé que mi pensamiento era algo incorrecto. Desearía que lo comprendieras.

Siempre en mi corazón, Grace.

Grace (One Shot)Where stories live. Discover now