La gente normal tiene lindos sueños, tan comunes y ordinarios como ellos. Pero ¿qué queda para mi? ¿pesadillas y más pesadillas? ¿ver como mi propia mente se destruye entre si? Muchas personas recuerdan su niñez como un objeto preciado y nostálgico, algo que no podrá removerse de sus memorias. Pero que en mi caso, yo quería borrarlo. No porque fue un pasado gris o mal, sino porque no quería pensar en eso y es mejor eliminarlo de mi mente.
No he podido dormir en toda la noche, debido a mis pesadillas se me hace difícil dormir bien. He ahí el motivo de mis ojeras.
-¡Thomas! -escuché a mi padre despertándome- Levantate. No querrás llegar tarde a clases. -sacudiéndome el cuerpo.
Abro los ojos y veo como mi padre sale de mi habitación. Entre dormido suspiro y me levanto para iniciar en día. Voy al baño, odio verme en el espejo así que omito esa parte. Me baño, mientras el agua golpea con mi nuca pienso en mi sueño. No puedo sacarlo de mi mente. Salgo, me visto y me dirijo a la cocina. Entre los pasillos lo más notorio era el humo de cigarrillo que envuelve parte de la sala; que al seguirlo dabas con mi padre.
Entro a la cocina y lo primero que veo es a mi padre leyendo el periódico mientras en su mano derecha el cigarro ya en cenizas se destacaba. Me senté con la mayor cautela posible, llevando el cubierto con comida a mi boca.
-¡Buenos días chiquito! -anunció sin dejar de leer el periódico- ¿Acaso los modales los dejaste en la cama? -preguntó con una leve sonrisa.
-Buenos días papá. -respondí bajando la cabeza para que no notara mis ojeras.
-¿Las pesadillas de nuevo? -preguntó dejando de leer y viéndome a los ojos.
Asentí bajando la mirada y viendo mi comida.
-Siempre es la misma pesadilla desde que...
-Mamá murió. -interrumpió mi padre.
Desvíe mi mirada hacia el suelo conteniendo las lágrimas, pero era inevitable dejar caer una al suelo.
Mi padre se acercó abrazándome, apoyado yo mi cabeza en su hombro y dejando caer un par de lágrimas más. Mi padre aunque no dijera nada las gotas que sentí caer en mi hombro hablaron por el.
-La extraño. -susurré en el oído de mi padre.
Él sin nada que decir se coloca nuevamente en su puesto.
-Apresurate. -ordenó firmemente- No querrás llegar tarde.
Comí lo más rápido que pude. Tomé mis cosas y salí corriendo por la puerta.
-¡Thomas! -escuché mientras salía por la puerta.
Voltee y era mi padre llamándome. Caminé hacia él.
-Primero, olvidas esto. -anunció pasándome mi libreta- Segundo. -suspiró- Te quiero hijo. -me abrazó.
-Te quiero papá -respondí con una sonrisa y aceptado su abrazo.
Salí por la puerta y corrí hacia el colegio. Llego, abro la puerta del aula llamando la atención de todos.
-¿Tiene idea de que hora es señor Quil? -preguntó el profesor alterado y dejando de escribir en el pizarrón.
-¿Las 8:00a.m? -respondí dudosamente mientras colaba mis manos en las rodillas inhalando y exhalando.
-¡Muy gracioso señor Quil! -alzó la voz- A mi clase no entran payasos. -anunció tomandome del brazo y sacándome del salón.
Me senté en una banca que estaba justo al lado de la puerta del aula. Los pasillos solos y cada quien en su respectiva clase, menos yo.
Saco mi celular y con mi visión periférica noto que alguien viene. Volteo y es una chica ¡Dios mio! Era la chica más bella que pude haber visto. Con anteojos y pelo ondulado, es bellísima.
Quizás sea nueva.
Siento como los nervios se apoderan de mi.
-¡Hey! -la escuché decir- Tu. -se dirigió hacia mi.
Por cada paso que da hacia mi siento mi corazón más lejos de mi pecho.
-¿Sabes donde queda el aula B6? -me preguntó mostrándome un cronograma de clases.
-A-arriba -tartamudee al responder.
Tonto Thomas. Tonto.
-¿Historia la veo en que aula? -preguntó confundida.
Señalé con mi pulgar el salón que esta a mis espaldas, del mismo donde me sacaron.
-Soy una idiota. -dijo ella mientras se sentaba a mi lado- Primer día de clases y llego tarde. -arruga el cronograma.
-Ya calmate. -comenté tomando la hoja y desarrugandola- Esta clase se ve 2 veces en el día.
Me miró con una sonrisa mientras se acomodaba el cabello.
-¿Y cómo te llamas? -preguntó ella con una sonrisa en el rostro.
-T-thomas -respondí tartamudeando- ¿y tu cómo te llamas? -pregunté calmando ya nervios.
-Danna. Danna Taylor -respondió con una sonrisa.
Estúpido Thomas. Deja de tartamudear. Tonto.
Desvío mi mirada bajando mi cabeza, observo el suelo para calmar mis nervios. Es allí donde Danna se acerca a mi, toca mi cara para levantar mi mirada.
En ese momento. Justo ahí, dejé de sentir mi cuerpo y me desmayé.
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N/A
Éste es mi segundo libro y después de casi 2 años de descanso pongo manos a la obra.
Espero que les guste.
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Naufragio en un pensar
Short Story¿Somos culpables de perdernos en nuestros propios pensamientos? ¿Somos culpables de que esos pensamientos se vean adueñados por otra persona? ¿Somos culpables de que esa persona sea nuestro pensamiento? Y lo unico en lo que pensemos sea en el amor. ...
