Los truenos crujían, y el cielo se teñía de rojo puro mientras la última alianza de hombres libres marchaba hacia la guerra: negros, blancos, mestizos; no había distinción alguna, todos marchaban con una sola bandera; mientras en el horizonte bestias repugnantes salidas del mismo hades esperaban ansiosas la llegada de los valerosos hombres; el comandante Roplan hijo del rey de Castilla y ultimo sucesor de la corona, estaba conforme con su ejército, solo lamentaba una cosa, tener tan poco para sacrificar, el ejército de hombres se conformaba por hijos, padres y madres que marchaban por sus seres queridos, la luz se ocultaba y daba paso a la temible oscuridad, a solo 60 metros se observaban bestias repugnantes, sedientas de sangre, el comandante ordenó formación de batalla, los soldados sintieron pavor de aquella vista tan caótica y repulsiva, las trompetas de guerra sonaron "tuuuuuuu" . Era un sonido espantoso capas de derretir el valor de cualquier hombre, Roplan al darse cuenta de esto, dirigió algunas palabras a sus hombres: -hermanos luchad por lo que más amáis, luchad por lo que más añoran, HERMANOS MÍOS podrán caerse nuestras espadas, podrán quebrarse nuestros escudos pero nunca nos quitaran la libertad, hoy luchamos por la humanidad luchamos por un mañana mejor, ¿Acaso puede haber una muerte mejor que esta?-. Las tropas se llenaron de valor y confianza estaban dispuestos a todo, mientras las bestias comenzaron a avanzar y ningún hombre retrocedió, todo lo contrario, avanzaron con gran determinación. Roplan gritó ¡Sin temor, sin piedad! Cuántas vidas se perderían esa misma noche, a cuántos padres y hermanos más tendrían que enterrar, se oyeron gritos, lamentos y llantos en el furor de la batalla. El hombre por fin se compenetraba mutuamente: negros, judíos, amarillos, católicos y blancos luchaban por una misma causa. Que vista más hermosa fue esa, en el lecho de muerte de hombres y bestias, la sangre se mesclaba, los escudos chocaban y las espadas se quebraban, cada muerte humana era la muerte de cinco bestias, la noche terminaba y daba paso a un sol radiante que nos bendecía con sus calurosos rayos solares, en el campo de batalla se observó: banderas, escudos, espadas y cuerpos tirados por doquier y un solo hombre de pie ante las bestias y dijo lo siguiente, ¿Acaso fue necesario esta guerra para darnos cuenta que todos somos iguales?, maldigo a los Dioses tanto judíos como católicos que nos quitaron la paz, maldigo a la política corrupta que nos llevó a esto. Las bestias fueron tras él y lo devoraron, justo o no el único responsable de esto fue el hombre y su avaricia incontrolable, que se mofaba de las leyes naturales, que destruía y se destruía a sí mismo, fue la naturaleza quien interfirió en la aniquilación del hombre, para destruir este mal.
FIN
