Vivo con una sombra, desde que tengo 14 años mi burbuja explotó, la chica que era, nunca volvió, deje de sentirme segura conmigo familia, con mis amigos, con mi entorno y conmigo misma, me empecé a aislar, empecé con cosas muy simples, insignificantes, pero que me llevaron a ser la persona que soy hoy, deje de salir, de llegar a casa y contarle a mamá todo lo que había hecho, deje de hablar con mi hermana, deje de hablar con mis amigos sobre mí misma, empecé a fingir, la máscara se volvió mi yo ante todos, menos ante la oscuridad, la soledad y yo misma, aunque muchas veces yo me engañaba.
Me empecé a hacer daño, empecé a ejercitarme mucho, empecé a dejar de comer lo que antes amaba, empecé a contar calorías, medirme, verme en el espejo y decirte cosas horribles, empecé a usar ropa más ancha, empecé a mentir, durante un año y medio, mentí y me mentí.
Pase tanto tiempo odiandome, deseando morirme, lo intentaba, no quería luchar, estaba harta de mí misma, de todos, nunca pedí ayuda, nunca dije nada, siempre pensé que moriría a los 16.
Un día tuve un dejavu, una visión, cómo quieran llamarlo, me vi a mí misma mientras estaba escribiendo, me vi en un charco de mi sangre, con las muñecas abiertas, con un cuchillo en mi mano, lágrimas saliendo de mis ojos, con una sonrisa en mi cara; lejos de alegrarme, me asusté, tuve miedo de morir, de hacerme eso a mí misma, estaba tan enojada con el mundo, pero no quería morir, aún no, pero me seguía dañando.
Puedo decir que la mejor cosas que salió de todo lo que me hice, fue que aprendí a buscar maneras de expresarme, escribir era (es) mi favorita, llevaba un diario y un cuaderno de poemas, los poemas eran en su mayoría metáforas, el diario era la realidad totalmente, sin ninguna mentira, sin ningún maquillaje, me sentía segura; un día, el día que tuve el dejavu decidí hacer cartas a las personas más importantes de mi vida en ese momento, les dije todo lo que sentía, lo hice por si el momento llegaba.
Hubo días en los que me lleve conmigo a la cama un cuchilla u otros objetos, hubo madrugadas que pase más llorando y rasgando mi piel, que durmiendo, hubo madrugadas que pase más en el baño junto al inodoro llorando mientras mi gato me lamía y ronroneaba, hubo madrugadas que pase imaginando mi muerte, dejando que los pensamientos me carcomieran, también hubieron días en los que no presté ninguna atención a clase, hubieron días en los que no me interesaba cuán sola estaba, hubieron días en los que no me di cuenta como perdía el interés en todo, porque no me importaba nada más que el agujero y dolor que me consumía.
Pero bueno, no siempre era muy cuidadosa, así que me descubrieron, quisiera decir que me ayudó, que sentí por fin que tenía alguien a quien le importaba, que se escuchó mi grito silencioso, que alguien tomo mi mano y me dijo: "No vas a ninguna parte, me tienes a mí", quisiera decir que mamá logro salvarme (tal vez lo hizo, evitó que muriera), pero no, por el contrario, las cosas se pusieron peor, no tenía permitido demorar más de 5 minutos en el baño, 10 máximo para bañarme (acompañada de mi hermana), no me podía depilar con cuchillas de afeitar, no podía tener sacapuntas o cualquier objeto afilado que pudiera usar (ni siquiera un gancho para el cabello), no me levantaba de la mesa hasta comer todo, entre muchas cosas más.
Les dije porque lo hacía, no me escucharon, no quise ayuda, ni la busqué; por un tiempo me revele, era peor, me rendía más fácil.
Entonces, no sé cómo lo hice, pero me puse metas, un día sin cortarme, dos días sin cortarme, hacer ejercicio o pasar de las comidas, una semana, diez días, dos semanas, un mes, volví a caer, volví a intentarlo, lo intente y volví a caer muchas veces, pero lo volvía a intentar, un año sin hacerlo, varios sin hacerlo.
No volví a ser la chica de antes, pero ahora soy alguien que sabe cuál es su límite, se lo bajo que puedo caer y lo alto que puedo llegar, la autoestima volvió y quisiera decir que siempre o casi siempre es alta, pero no lo es y amo que no lo sea, porque amo (la mayoría de los días) mis "defectos", mis cachetes, mis piernas delgadas con cicatrices y estrías por bajar y subir de peso constantemente, mi abdomen, mis tobillos, mis brazos, mi espalda con manchas y miles de cosas; fue mi propia mano la que me tomo, fui yo misma la que se dijo que estaba bien, que no está sola, que me tenía a mi y yo podía con esto.
Nunca me miento, porque sé que tengo una sombra y algunas veces al año me visita, vuelvo a empezar, pero consigo salir, es un círculo vicioso, pero es un círculo que cada vez es menos tóxico.
Soy feliz, la mayoría del tiempo, los comentarios buenos los acepto, los negativos los desecho, soy mi propia persona, sé quién soy, acepte que no siempre sé es bueno consigo mismo o los demás, pero que cada día puedes volver a intentarlo, suena bastante optimista, pero la vida es esto y no siempre es bueno, solo hay que decidir que caminos tomar y como hacernos y hacer menos daño.
E intentar, intentar e intentar hasta que puedas llegar.
Quiero aclarar que esto no significa que todas las personas luchamos y vencimos de la misma manera, algunos buscan ayuda y eso está perfecto, algunos luchamos solos y está bien, de la forma en que lo hagamos es igualmente válida e importante, porque vencimos y los que aún no han podido, sepan que ustedes también lo harán, no están solos.
Tal vez yo nunca busque ayuda porqué, siendo sincera no me gusta admitir mis derrotas, soy una orgullosa y me daba vergüenza a mí misma, creo que sí hubiera tenido ayuda, probablemente hubiera sido un poco más rápido, menos doloroso y desgastador el proceso, pero vencí y sigo venciendo cada día.
No hay que darse por vencidos.
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Azúl
Non-FictionSobre las cosas que tengo atoradas en la garganta, los miedos que me consumen, las cosas que soy y las que no quiero volver a ser. Azúl, porque es mi color favorito.
