Prólogo

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El cielo se oscurecía con rapidez, y la lluvia no cesaba bajo la tormenta. El campanario gemía bajo los truenos y los ecos de las campanadas se extendían fuertemente por toda la ciudad. Se oía el relinche de los caballos cabalgar bajo la luz de las estrellas y como su jinete les ordenaba frenar. El individuo sentado delante de la arcada en el último piso más alto de la catedral apoyó la cabeza sobre la gran columna de piedra, mirando el horizonte. Mirando la lluvia derramar hasta la última gota acumulada como el último llanto tras una ardiente ira. El cielo se iluminaba con el descenso de los rayos mientras chillidos ensordecedores gritaban y se lamentaban ocultos tras las nubes, y a pesar de la oscuridad, el morado y el azul se superponían en la superficie.

Con sutileza agarró el libro rezagado junto a él que estaba en el suelo, y con tranquilidad abrió una de las páginas. Su dedo rozaba con suavidad el rugoso papel donde las letras y las palabras se amontonaban y se peleaban por un poco de espacio al que la historia no dejaba lugar.

Pensativo observó el libro, al que tanto muchos admiraban, y al que él sin embargo, no podía ni entender. Le hubiera gustado aprender a leer, pero hacia tanto que le arrebataron la oportunidad, que tan solo le quedaba la desolación y la soledad en su desdichado cometido. Era uno más de los tantos, pero la posibilidad de que fuera el último todavía permanecía, no había modo de saberlo, no había modo de existir.

Uno de los jinetes sujetaba con un brazo un bebé torpemente tapado con un par de mantas por encima mientras con la otra, sujetaba las riendas del caballo negro en el que montaba. El niño lloraba frenéticamente y el jinete intentaba calmarlo sin muchas ganas.

El llanto del niño no cesó, hasta que el individuo no cerró el libro con un movimiento seco y mordaz. El jinete desmontó de su corcel.

- Aquí tienes al niño, ya sabes que soy un hombre de palabra - Gritó.

Miraba fijamente la última planta de la torre en esa arquitectura religiosa, mientras la lluvia le empapaba todo su cabello, y le resbalaban las gotas rostro abajo.

- Aquí tienes al niño, ven a por él. - Gritó.

El individuo, con su rostro oculto tras una capa, bajó hasta la puerta, y con rapidez agarró al niño desvelando el rostro del pequeño. Acarició con delicadeza su rostro, Sus ojos marrones y su cara sonrosada, le daban bondad e inocencia, de la cual los dos hombres carecían, o amenos uno de ellos.

- ¿De dónde lo has sacado? - Preguntó con un gruñido desesperado.

- Tendrás que averiguarlo tú mismo - respondió el hombre con una sonrisa casi amenazadora.

El hombre volvió a ensillarse a lomos del caballo que esperaba fuera bajo la lluvia con las patas hundidas en la nieve, un intenso vapor que ascendía de su hocico.

- Espero no volver a verte. - Dijo irónico.

El individuo cerró la puerta de la catedral, observando como el animal junto a su jinete se alejaban y se difuminaban, bajo la niebla difusa, abandonando el recinto.

- Es la última oportunidad - susurró al bebé mientras él le agarraba uno de los dedos de su mano y unía su frente con la del pequeño. - Mi única y última esperanza. - y cerró la puerta.

El niño empezó a reírse, mientras abría sus ojos ahora verdes. Todavía sonreía, hacía intentos para vocalizar alguna palabra, en el mismo momento en el que él dejaba el niño solo encima del suelo apedreado de la catedral, dejándole reír, mientras él se desvanecía con las sombras donde nunca más lo volviesen a encontrar.

Esta es mi primera novela, su narración es muy descriptiva, y hay mucho que mejorar, a pesar de sus errores, espero que sea de vuestro agrado y cualquier comentario no duden en hacerlo, de algo se aprende y lo tendré en cuenta en el siguiente texto que escriba. ¡Espero que les guste el relato!

El último bajo la lluviaStories to obsess over. Discover now