Imagina que vuelves al verano de hace un par de años. Exactamente, el verano entre tercero y cuarto. Estás tomando el sol tumbada en el césped, al lado de tu enorme piscina, mientras lees la nueva edición de la Superpop. No puedes dejar de pensar en tu nuevo crush, aquel que va a un instituto distinto que el tuyo y el mismo que dobla pantalones en una tienda del centro comercial. Estás merendando un bol de chococrispis, justo como te gustan -bañados en leche muy fría-, cuando escuchas en la radio que una chica de tu cuidad ha desaparecido. Piensas que probablemente a ella también le gusten los chococrispis como a ti, y también habría pensado que el chico que dobla pantalones en el Breska del centro comercial estaba buenísimo. Y te preguntas cómo alguien tan idéntico a ti puede haber desaparecido sin dejar rastro.
Carlotis hundió la cabeza en el césped de su amiga Albaji.
-¿Estás oliendo la hierba? -dijo Karrona mientras cerraba la puerta del Volvo de su madre dando un fuerte golpe.
-Huele muy bien. -Carlotis se apartó uno de sus largos mechones rizados de su cara. -A verano.
Karrona se despidió de su madre y se acercó a la piscina. Llevaba puestos unos vaqueros anchos junto con una camiseta gris de tirantes que no le favorecía en absoluto. A pesar de que se comía una caja de donettes diaria tenía un cuerpo de infarto, aunque no solía ponerse ropa ajustada como las chicas de su edad. Sus padres no permitían que saliese a la calle con nada que ellos pudiesen considerar provocativo. Lo que no sabían sus padres es que Karrona guardaba sus tops de la Dulceidashop en el cajón de la ropa interior.
-Por fin llegáis -dijo Albaji, que todavía seguía llevando su minifalda de tablas de jugar al golf con un top a conjunto. Sus padres la habían apuntado el año pasado a las clases del club de golf y era la única chica de tercero que había ganado una competición.
-¿Qué me he perdido? -preguntó Vendre, saltando la valla del jardín de los Jiménez para unirse a sus amigas. Vivía en la casa de al lado, por lo que solían pasar las tardes en casa de alguna de las dos. A diferencia de Albaji, Vendre no había sido capaz de pasar de una semifinal de golf, y eso que llevaba mucho más tiempo jugando. Esa era una de las razones principales por las que siempre solían discutir, pues Vendre era extremadamente competitiva y odiaba cuando alguien era mejor que ella en cualquier cosa.
-¡Esperadme!
Todas giraron la cabeza para ver a Estherilla saliendo del Mercedes de su madre. Alzó uno de sus regordetes brazos para saludar a las demás y cogió su mochila del maletero del coche. Desde que su novio la había dejado a principios de año había estado ganando mucho peso y había vuelto a usar su ropa vieja. La chica casi no salía de casa y solía pasar el día escuchando My Chemical Romance mientras se volvía a ver Física o Química por quinta vez. Albaji rodó los ojos y el resto de las chicas fingieron no haberlo notado. Eso es lo que las mejores amigas hacen.
Albaji, Carlotis, Estherilla, Vendre y Karrona se conocieron la primera semana de instituto de segundo de la ESO, cuando todas cumplían un castigo después de las clases en el aula 55. Antes de que Albaji supiera de las cuatro, las cuatro ya sabían de Albaji. Y es que ella era perfecta. Era guapa, inteligente y talentosa. Pero sobretodo, era popu. Todos los chicos del instituto querían besarla, y las chicas -incluso las mayores- querían ser como ella. A sí que cada vez que Albaji se reía de los memes de Karrona, cada vez que le decía a Estherilla que su nueva camiseta de One Direction le quedaba de maravilla, o admiraba las fotos de Vendre y animaba a Carlotis a seguir escribiendo su novela de los Gemeliers, las chicas no podían evitar quedarse deslumbradas. Antes de Albaji se habían sentido torpes e invisibles, hasta que la chica las hizo sentirse como un nuevo bolso de Chanel.
Ahora, un año más tarde, en el último día de tercero, las chicas eran más que mejores amigas. Eran las sugar babies de Plasencia. Cada fiesta que daban, cada viaje al campo había sido una aventura. Incluso todas las clases que habían compartido eran ya memorables. Pero había otras cosas que todas querían olvidar. Y había un secreto del que no podían hablar. Albaji solía decir que los secretos eran los que mantenían unida su amistad. Y si esto resultaba ser verdad, iban a ser amigas de por vida.
KAMU SEDANG MEMBACA
The Pentagon: Class 55
Misteri / ThrillerDesde aquel verano ninguna de las chicas de aquel grupo, ahora ya roto, ha vuelto a ser la misma. Y es que los secretos han terminado por destrozar a todas y cada una de ellas. Pero, ¿y si Alba tenía razón? ¿Y si los secretos son el lazo que las man...
