Capítulo 1

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Sus ojos se abrieron como normalmente lo hacían. Con ese semblante triste que tanto le caracterizaba. Pero ese día estaba decidida, estaba decidida a mostrarle una sonrisa a su amor platónico, estaba decidida a admitirle a Nathan que su corazón latía únicamente porque él lo provocaba con cada sonrisa que mostraba, con cada guiño, con cada palabra, con cada beso. Y aunque no fuera dirigido a ella directamente, quería imaginar que sí.

Se levanto de la cama, encaminándose al baño para cambiar su ropa por un vestido que había pedido a su madre comprar. Ese día se luciría, se vería hermosa para que Nathan se enamorara de ella y fuesen novios. Y así todos los problemas que ella tenía, todas sus preocupaciones, todas sus tristezas, todo su dolor, fueran olvidados por él chico que la hacía suspirar.

Se vio una vez más en el espejo convenciéndose a ella misma que estaba bien. El vestido rojo ceñía su cintura, y a decir verdad el color le quedaba. Asintió un par de veces, dio un suspiro y salió de su habitación apoyando su mochila en su hombro, preparada para un día más, esperando que este fuese más fácil de pasar.

Ni siquiera pudo desayunar por culpa de sus padres, debían llegar temprano al trabajo, y por culpa de tener los teléfonos pegados a su oreja no pudieron siquiera decirle buenos días. Subieron al auto sin poder dedicarle una simple sonrisa, sin dedicarle una mirada, esos pequeños actos que a pesar de ser tan pequeños e insignificantes eran capaces de lastimarla hasta puntos en los que era casi inimaginables pensar.

En todo el trayecto no despego su mirada de la ventana del auto, deseando que en la escuela todo mejorase, pero en el fondo sabía que no era así. El auto se detuvo y supo que era su parada, y de la misma manera de la entro al auto salió de esté. Sin hablar, sonreír, u mirar a sus padres quienes estaban tan ocupados con el trabajo como para recordar que estaban en la escuela de su hija y decirle un simple "Te quiero"

Bajó del auto hacia la entrada, hasta entrar al gran edificio. Los pasillos era lo peor. Todas las miradas concentradas encima de ella, acompañadas de risa, y burlas hacia su persona. Intentó hacer caso omiso pero supo que no podría ser capaz, aún así quiso creer que nadie la estaba viendo. Se dio cuenta como su corazón empezó a latir con más rapidez al ver a Nathan apoyado en uno de los casilleros, hablando con unos amigos.

El miedo la comenzó a hundir en su burbuja, quería a hablarle pero apenas podía respirar en ese momento. Quería acercársele y decirle toda la verdad. Quería admitirle sus sentimientos y que él respondiera como el caballero que era.

Se arrepintió. Se iba a dar la vuelta pero algo en ella la animó a acercársele y decírselo. Bien era que el miedo aún coronaba su cuerpo y mente, pero sabía que esa era su oportunidad, debía hacerlo.

<<Es ahora o nunca Emma, debes hacerlo.>>

Se dijo a ella misma dando un suspiro. Tragó saliva y camino a paso firme hasta donde se encontraba Nathan. Pero al ya estar a su lado sintió un mareo que le indicó que en cualquier momento se podría desmayar. Y estuvo apunto de hacerlo al fijarse de cómo el chico la volteaba a ver.

-Amm...hola, y...yo...qui...quiero hablar contigo Nathan.- el chico volteo a ver a sus amigos quienes de inmediato entendieron él mensaje yéndose al momento.

-¿Qué sucede, Emma?- preguntó el chico amablemente.

-Amm... Bueno pues. Y...yo quería decirte u más bien confesarte algo.- él chico no entender con exactitud a lo que se refería pero aun así iba a prestar suma atención a sus palabras.- Nathan me gustas.- soltó de una vez.- Desde que estábamos en cuarto grado me enamore de ti. Eres un chico genial, amable y...simplemente eres perfecto.

-Wow, Emma, yo...- no pudo finalizar ya que los labios de otra chica estaban ocupando los suyo.

Emma sintió como su corazón se reprimió haciéndose nada más que un simple pedazo de mierda. Quería echarse a llorar mientras sus piernas corrían con todas sus fuerzas hasta un lugar en donde la soledad que muchas veces la abrazaba, la absorbiera en sus cuatro paredes. Pero no podía, sintió su corazón detenerse y sus piernas flaquear. Estaba apunto de desplomarse en el suelo, pero el frío líquido recorriendo su cuerpo se lo impidió.

Mónica, la chica que beso al hombre que ella amaba le había arrojado su licuado. Manchando todo su vestido, cabello, rostro, y una parte de su cuerpo.

-Adiós tonta.- dijo con una sonrisa malvada, para luego irse con Nathan tomando su mano.

Sintió su corazón romperse en mil pedazos. Todos la veían, reían, y hasta tomaban fotos a ella sin preocuparse por sus sentimientos. Sin darse cuenta que ella estaba sufriendo, no sólo por el rechazo de la única persona que ella veía como buena, sino que sus malas notas, falta de atención, su rechazo. Y entre otros problemas que ella tenia, la estaban empezando a agobiar y a lastimar, haciendo que sus decisiones y acciones no fueran correctas, pero de eso nadie se daba cuenta.

No aguanto más y corrió hasta la salida con lágrimas que cada vez amenazaban más con salir.

Se encerró en su habitación al ya encontrarse en su casa. Echo llave a la puerta y se apoyó en esta. Se fue resbalando poco a poco por la madera hasta hacer chocar su trasero contra el suelo. Escondió su cabeza en sus piernas, lamentándose de lo que había sucedido.

¿Por qué lo había echo? ¿Por qué creyó que funcionaría? ¿Acaso se casarían y tendrían hijos si se lo decía?

Jalo su cabello con fuerza, frustrada. Elevó la mira y en ese momento supo lo que debía hacer. Gateo hasta ese cuchillo brillos y filoso, para volverse a apoyar en la puerta. Remangó su chaqueta dejando a la vista las demás cortada que ella misma había echó.

<<Esta vez sí, hazlo, ¡Hazlo de una vez por todas!>>

Tomo el cuchillo deslizándolo por su muñeca para así cortarse las venas, una forma de morir tan sangrienta y macabra como se escucha. Su respiración se agitó y las lágrimas no paraban de salír. Dejó el cuchillo a un lado y inclinó su cabeza hacia atrás.

Observo como la sangre salía de sus muñecas mientras sus lágrimas resbalaban por sus mejillas. Se preguntaba ¿porque tenía esa vida? ¿Por qué todo lo que le sucedía era malo? ¿Por qué tuvo que despertar ese día? ¿Por qué su amor de toda la vida la había abandonada y se había ido con otra?  ¿Por que había tenido que nacer? 

Las preguntas no paraban de florecer haciendo que los minutos parecieran horas por la larga espera de ya querer desaparecer. Sus ojos se fueron cerrando poco a poco, a la vez que su respiración se calmaba, hasta caer en...¿un sueño? O... ¿En algo mucho más preciado?

Sus ojos se abrieron. La confusión no tardó en venir.

¿Había muerto? ¿Estaba en el cielo? ¿Desde cuándo el cielo era tan lujoso y parecía habitación de hotel de siete estrellas?

Recorrió la mirada por toda la gran habitación, intentando reconocer algo de lo que había ahí.

Se levanto de la cama sin problema alguno, camino por toda la habitación examinando cada cosa que le llamaba la atención. Volteo y la curiosidad la invadió al ver unas fotografías en una de las paredes. Camino hasta donde se encontraban centrando su atención principalmente en una fotografía que le llamó la atención. La vio intentando encontrarle sentido, al darse cuenta de que se trataba se quedó en shock.

-Ya despertaste...

¿Solo un...sueño...?Geschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt