EL CUERO

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      Era pleno verano, los sonidos de insectos como grillos y cigarras hacían coro a las aguas del rio que corría lentamente por su caudal, María, una joven madre se acerca a los árboles que lo adornan para buscar en ellos resguardo de los calcinantes rayos del sol, en sus brazos lleva a su hijo, un bebe de algunos meses de vida, de su hombro derecho cuelga un bolso artesanal en donde lleva ropa sucia para lavar, ha vivido toda su vida en el campo, y siempre ha amado hacer los trabajos de hogar de forma rudimentaria, es como su madre lo hacía y la única forma que ha aprendido, le gusta el campo y su casa a un lado del rio, con aquel verde oscuro que sobresale en belleza, nada parecido a los pastizales casi secos que cubren el resto del campo, este es su sector favorito, donde ella decidió vivir.

      Se acercó a la sombra de un sauce y vio a dos metros de la orilla del rio una piel de animal, de pelaje blanco y acolchado, atraída por aquello se aproximó a tocarlo, deslizó su mano lentamente por los pelos delgados y blanquecinos, los noto secos y de una suavidad inigualable, algo le hacía adorar ese pelaje más allá de lo racional, de inmediato quiso dejar a su bebe encima de aquel suave pelaje, no razonó en algún posible virus o bacteria que pudiera proceder de aquel cuero de animal, solo pensó ansiosamente que su bebe debería sentir aquella suavidad, como si fuera un regalo, lo mejor para su bebe, al contacto con el pelaje su hijo se quedó dormido.

     María saco de su bolso la ropa sucia y la dejo a un lado del rio mientras observaba a su hijo, estaba tranquilo, razonó mientras colocaba cada prenda en el suelo, aquel cuero debe ser de cordero, alguien lo dejo durante la mañana en el Sol a la orilla del canal y con las horas la sombra del sauce lo alcanzó, pero ¿Por qué dejar aquel cuero frente a su casa?, una tranquilidad entro en su mente esquivando las dudas, miró a su bebe que aún dormía, tranquilo, quieto, solo su pecho se movía al respirar.

      Decidió dejar la ropa que llevaba en su bolso a un lado del río e ir a buscar las toallas sucias a la casa, así aprovecharía de lavar todo mientras su hijo dormía, dio una última mirada a su bebé antes de irse, estaba quieto, inmóvil, satisfecha apresuro el paso, no fueron mas de dos minutos cuando María volvió con barias toallas en su mano, vio la ropa al lado del sauce pero no vio al cuero ni a su hijo, tiro las toallas y busco con desesperación, un movimiento le hizo tomar atención, como si fuera un acto reflejo de su desesperación, a unos metros dentro de las calmadas y profundas aguas del río, un cuero blanquecino se envolvía en si mismo y se sumergía hacia las profundidades dejando en el agua, tras hundirse, pequeñas burbujas de aire que desaparecían al igual que la vida. 

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