INTRODUCCIÓN

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Ella era una mujer valiente y lista para cualquier cosa, prefería las cosas extremas que le provocarán adrenalina, como las guerras por ejemplo.
Ella era la líder del ejército de su mundo, un mundo repleto de árboles azules con un tono lila y lluvias de colores, verdaderamente hermoso para los niños y adultos, un verdadero espectáculo; a ella no le gustaba mucho ver toda esa naturaleza, estaba acostumbrada a ver el rojo carmesí en el suelo expandiéndose bajo la suela de sus botas negras y unas cuantas en su rostro sudado por el cansancio causado gracias al batallón.

Ella también era una mujer hermosa con muchos hombres pidiendo su mano, su cabello era castaño y rizado como resortes hasta la mitad de su espalda siempre sujeto en una media coleta siendo movido por la corriente de aire fresco con deliciosos aromas, sus ojos eran casi negros con un toque verdoso alrededor entrecerrados por la luz del sol de un brillante color rojizo-anaranjado; su tez era morena mezclada con un tono blanco, no mucho, pero lo suficiente como para hacer creer a cualquiera que provenía de Canadá. Su altura era de 1.79 en el planeta Tierra, de los más bajos de su planeta Niyokiru.

Era una cálida tarde, había un crepúsculo hermoso en el que el cielo se volvía rosa y a lo lejos se divisaba los pequeños dragones de fuego (llamados así por sus fantásticas habilidades de transformarse en fuego como un Fénix) volando entre las nubes de un tono amarillo por el atardecer buscando refugio para proteger sus delicadas pieles del frío nocturno.
La mujer castaña se encontraba en cuclillas sobre el muro en los alrededores del reino haciendo su guardia evitando que los bandidos entraran.
Su chaqueta guinda arrastraba hasta el concreto gris de la muralla, su pantalón de piel sintética negra brillaba por la luz del sol, sus botas rasgadas de tanto uso se humedecían con la brisa que avisaba que la lluvia estaba cerca.

-Anochece rápido, -Le dijeron a sus espaldas- ¿no crees?

-Sí. Es verdad. -Volteó la cabeza al reconocer la voz del joven príncipe.

-¿Quieres entrar? -Señaló el palacio detrás de sí.

-No gracias, cariño, estoy bien.

Aquella mujer era la entrenadora del joven príncipe pelinegro y de ojos verdes de 15 años para que cuando estuviera listo pudiera pelear en el campo de batalla sin ser un novato, seguramente nadie se le acercaría ni un poco ya que la castaña era profesional en técnicas de combate y protección. Volvió su mirada a la distancia y el sol había desaparecido casi por completo.

-Vuelve adentro, tu madre debe estar buscandote, Anáel.

-Mira, sabes que mamá siempre está ocupada. -Respondió como si fuera lo más obvio del mundo- Algo me dice que sólo te estas preocupando por mí.

-Acertaste, ahora entra.

-Por favor, Yoru. Déjame hacer la guardia contigo esta noche.

-Está bien. -El joven pelinegro hizo una expresión de victoria- Pero solamente por esta noche.

Se quedaron mirando en dirección al horizonte juntos, Yoru observaba cada detalle con el rabillo del ojo en caso de que alguien los atacará desprevenidos; no pasaba nada interesante esa noche, pero nada está hecho para durar.

Se escuchó una fuerte explosión a la distancia, Yoru creyó que era otro de esos torneos ilegales que hacía la gente del pueblo, no dudó en llevar al joven príncipe a su cuarto para evitarle algún accidente; ella se volvió a parar sobre la muralla y sintió un ligero ardor en su espalda, dejó salir sus enormes y fuertes alas con plumas carmesí y voló hasta el lugar donde se originó el ruido. Al parecer no era nada que tuviera que ver con el pueblo ya que había un enorme cráter formado por una cápsula metálica en el suelo, Yoru sacó su arco y sus flecha, apuntó preparada para atacar.

Humanity || H.A.A. #2Where stories live. Discover now