La sobregestion de un guerrero colapsado por su propia irá lo llevó a ser un desquebrajado y colérico hecatonquiro, cuya sed por repartir desesperación no se desvaneceria sino hasta el día de su muerte. Los bajos truenos de un cielo nublado y brillante llamaban a la carnal bestia mientras sus enemigos,e incluso sus propios compañeros, sentían profunda pavor. La macabra sonrisa y los insaciables ojos brillaban de entre la oscuridad de su tienda y una vibrante respiración surgía de ella. Cadenas suenan, espadas retumban, huesos crujen y finalmente los rayos del sol tocan la piel de la bestia. Su aceitada piel lo hacía brillar tenuemente y la sangre seca distorcionaba su propio ser. Era la viva carne que sudaba sangre.
Luego de dejarse contemplar dio un profundo suspiro y... chillo, haciendo un sonido angustiante, y saltó directo hacia los que tenía en frente, suponiendo de buenas a primeras que éstos eran sus enemigos. Tumbó a algunos de sus compañeros en su camino y luego abalanzó sus cadenas en el aire para luego dar latigazos. Contundentes y chirriantes sonidos saltaban de los escudos de los primeros guerreros y el resto se lanzó contra él.
Daba golpes con cada uno de sus extremidades, y cada que podía desgarraba carne con sus dentadas fauces. Mientras tres brazos agitaban las cadenas en el aire, el resto de sus extremidades rasgaban, golpeaban y chispeaban ligeros rayos.
Desde lejos parecía una licuadora. Este men es sendo loco, y obvio es mejor ni verlo. Ver esas cuencas y encontrar rojos destellos al final da pavor y no deja mucho que pensar. Qué difícil es pensar que... alguna vez estuvo con nosotros...
Genzaniku fue el nombre que se le dio a aquél que juró a la eternidad acabar con la existencia de todo aquello que sobraba, refiriéndose así a lo que él mismo era, o que ahora es, la verdad es confuso.
A los minutos, quizás casi una hora, todo acabó. Despavoridos cuerpos cubrían todo el arenoso terreno y el sol a penas si podía hacer brillar algunas piezas metálicas que aun no era cubiertas por sangre.
La colerica bestialidad dio un chillido algo relajado, pero igual de angustiante, dio un vistazo al paisaje que había creado, contempló el reflejo del sol en las oscuras nubes y suspiró...
El sol se apagó y lloró, junto a la lluvia que comenzó a caer.
