Una mujer de unos 30 años caminaba apresuradamente por las calles oscuras de Barcelona, teniendo entre manos unos documentos médicos que tan solo hace un cuarto de hora le habían dado. Frenó en seco en frente de una puerta de madera gigante de un edifico antiguo que debía ser de hace siglos. Segundos después bajó su cabeza y su flequillo se deslizo suavemente, colocó un mechón del lateral derecho que caía y finalmente, decidida, levantó su cabeza y tocó la puerta de manera cuidadosa.
Nadie abrió la puerta. Suspiró y abrazó los documentos que tenía en los brazos. Se decidió a tocar la puerta de nuevo cuando un hombre de mediana edad vestido con el uniforme de policía abrió la puerta.
— ¿Qué quieres estas horas?
— Yo... Buscaba al señor Sonel.
— ¿Quién eres?
— Ah, sí, olvidé presentarme, tome. - sacó un carnet de identificación y se lo mostró.
— ¿Emily Sonel? -sonrió de manera picara. — así que la mujer de Agust Sonel.
— Sí, se podría decir que busco a mi marido. ¿sabe dónde está?
— Sí claro, ven, te llevaré hasta donde está él.
El hombre sin decir más palabras dejó que Emily pasase y cerró la puerta detrás de él. Caminaron durante unos minutos por los pasillos vacíos pero a la vez llenos de cuadros, hasta llegar a una puerta de hierro con seguro. El policía miró unas listas que había colgadas en el lateral izquierdo de la puerta y tatareó los números a los cuales tenía que llamar. Tomó el teléfono que estaba colgado en la pared y pulsó "34088".
— Hola señor Solen, su esposa ha venido a visitarlo. Ahora la dejo pasar. Sí. Al parecer tiene prisa. -miró a Emily y añadió. — Que bonita, eh.
Se oyeron unos pequeños gruñidos a través teléfono y el hombre colgó enseguida, para esperar delante de la puerta sin compartir palabra. Minutos después, otro hombre, vestido con una americana azul y unos pantalones del mismo color, combinado con camisa totalmente blanca que contrastaba con la corbata granate, abrió la puerta y miró al hombre que había guiado a Emily.
— Ay, no te lo tomes a mal, era una broma -sonrió. — Os dejo tranquilos, yo vuelvo a mi puesto. -el policía se fue por el pasillo mientras levantaba la mano en señal de despedida.
El hombre con el traje miró a Emily detenidamente y esbozo una sonrisa.
— ¿Qué te trae por aquí, amor?
— Emmm... No sé como decirlo... No se como explicártelo.
Extendió los papeles médicos que tenía en la mano y se los ensenó sin decir nada más. Agust miró detenidamente lo que ponía en los papeles que le había dado su esposa y sus ojos se fueron tornando más y más oscuros hasta que terminó de leerlos y abrazó la abrazó.
—¿ Vamos a ser padres? -preguntó con lágrimas en los ojos, lágrimas de alegría.
— Sí...
— ¿Qué pasa?
— ¿crees que es bueno que tengamos el bebé?
— ¿Lo dices por tu enfermedad? si el médico ha escrito en el informe que no hay ningún problema... ya que hay solo un cero coma cero un por ciento de probabilidades que la padezca, no tienes porqué preocuparte...
— Sí...
— Pero, si tú no quieres tener al bebé porque tienes miedo, podemos pensar en el aborto. Es tú decisión, Emily.
— Sí que lo quiero, claro que lo quiero. El problema es que tengo miedo de que termine padeciendo de esta enfermedad y que a causa de esta termine poniéndose en peligro. No podría perdonármelo ni podría dejar de controlar al bebé... Y, y...
— Tranquila. — Abrazó a su esposa. — dame un minuto, recojo esto y volvemos juntos a casa.
Emily asintió y esperó mientras veía que su marido recogía los papeles de diferentes casos de personas que había desaparecido estos últimos treinta días. Un escalofrió recorrió el cuerpo de la mujer y sus ojos se clavaron en la pata de la silla, la miró durante unos instantes hasta que Agust se acercó y la abrazó de nuevo.
Salieron del edificio y caminaron por las calles mientras hablaban del futuro, de como sería todo cuando tuviesen al bebé y como les agradaría ser como a padre y madre.
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LAYNNA
TerrorSu cabello rojo estaba manchado de sangre pero nadie sabía que había pasado, cuando los policías llegaron al lugar de los hechos ya era demasiado tarde. Meses después de haber estado internada en un asilo mental, para protegerse de sus tormentas má...
