***Nota de la autora: Toda la novela, las partes en cursiva significa que transcurre en catalán.***
Dicen que nací llorando. Que lloraba muchísimo. Yo supongo que todos los niños lloran al nacer. Que se saquen del cálido vientre materno, al frío y seco mundo exterior, pues, normal que den ganas de llorar.
Pero yo tenía más motivos para llorar. Allí estaba yo, fuera, me cortaron el cordón umbilical. El reloj comenzó a contar, tenía 11 horas para compartir con mi madre. De esas 11, solo 2 pasé realmente con ella. Después, nos separaron. Yo llevaba toda mí vida con ella, ¿Cómo no iba a llorar? Así me recibía este mundo.
Dicen que me iban a poner Oliver, ese debió ser mi nombre. Quizás si lo hubiese escuchado de la boca de mi madre, todo fuese sido diferente. Bueno. Quizás no. Seguro. Así que el primer golpe y giro dramático de los acontecimientos, me lo dio nada más salir al mundo.
Me contaron que, al verme, y sabiendo que se moría, le dijo a mi padre que me parecía demasiado a él, que quería que llevase su nombre, que se lo prometiese, que quería irse sabiendo que me llamaría así. Mi padre se lo prometió. Así que hoy, precisamente hoy, llevo 50 años llamándome como él.
De la más tierna infancia, poco recuerdo. Me criaron mis abuelos, se mudaron desde Cornellá a Girona, cerca de mi padre, pues él tenía que trabajar y de mí se tenía que ocupar alguien. Viví con ellos. Todos los días veía a mi padre, él jamás me pegó una voz más alta que otra, jamás me faltó nada, pero no viví con él. No tuve madre, ni un padre en casa. Aún así, fui un niño feliz.
Pero...que jodida la vida. A los 12 años, un 3 de febrero, mi abuelo murió. Dejando otro hueco en mi corazón, igualando mis los seres queridos vivos, a los muertos. Mi abuela decidió que no podía estar sola en una ciudad que no era la suya, ahora había menos dinero, aunque a mí me mantenía mí padre. Tenía que volver a su casa, esa que cerró por mí. Tenía otra hija en Cornellá, era lógico.
Corría el 20 de Agosto del año 1986, solo tenía 12 años, la vida me dio otra vuelta. Otro cambio radical. Me apartaron de mis amigos, de mi entorno, de mi colegio y de mi padre. Pero no dije nada, asentí, hice mi maleta, y le dije a mi padre que me parecía bien. No me quería separar de ella. Ella había estado conmigo siempre, no la dejaría sola. No viviría con mi padre ahora que podía valerme por mi mismo. Ahora era ella la que me necesitaba, cada día más.
Así, unos días después, llegué a estar como estoy ahora mismo, en el suelo, boca abajo, con la boca seca, y con algo de tierra, sudando, me duelen los golpes que estoy recibiendo, no me puedo levantar...no puedo...alguien me tiene el brazo en el cuello y su cuerpo encima del mío. En mi mente escucho la voz de mi padre, la voz de la razón: Levántate, que nadie te tumbe.
- Que te crees que eres novato.- Me gritan fuerte en el oído. No, no voy a llorar, por muchas ganas que tenga, le molería a ostias en cuanto me deje moverme.
- SUÉLTALO, LO VAS A MATAR...SAÚL, QUE LO SUELTES TE DIJE.- Siento un par de botas de futbol correr por albero hasta nosotros.
- Me dijo...
- Ya, ya sé que te dijo, pero suéltalo ya...
Se levanta, pongo mis manos en la tierra, me levanto, veo el albero amarillo manchado de sangre, es mía. Incrementa mi enfado. Me revuelvo dispuesto a pegarle al primero que se cruce en mi camino. Le veo la cara de triunfador, avanzo hacia él, pero alguien se interpone en mi camino.
- Aparta, o cobras tú también.- Le grito.
- No. Es mi amigo, yo le dije que te dejara. ¿me vas a pegar? Venga pégame, estúpido...que eres estúpido. Ya veremos quien pega más fuerte. Pero, y tú eres tonto, no estás viendo que somos dos. Solo quería separaros.
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En el 5ºC II- II- MMX
De TodoHistoria paralela a "¿En qué estaba pensando?". Vida de Fernando.
