Tratando exasperadamente de lidiar con todo ese sufrimiento que mis ojos reflejan y mi boca calla, con ese calvario que hace de mis días, una melancólica y brutal sentencia. Considerando seriamente en aceptar la derrota y, drásticamente, darme por vencida.
Lentamente, las noches en vela y los sollozos reprimidos se transforman en una áspera y tortuosa rutina.
He llegado a mi límite.
Llorar ya no me provoca esa sensación de alivio y tranquilidad que anteriormente solía.
Y, con la misma rapidez de una lágrima al ser derramada, oportunamente, llegas a mi vida de la forma más inusual e inesperada que jamás pude haber imaginado.
En el evanescente brillo de tu mirada, descubro tal bohonomía y soledad que, simplemente, me fue imposible de ignorar.
Una pobre alma atormentada, un gran corazón que, al igual que el mío, ha sido objeto de crueles juegos.
Esa noche, me voy a la cama con un mar de pensamientos y, en la frialdad de mi habitación, permanezco observando el monótono blanco de mi techo para, finalmente, cerrar los ojos con sólo una idea en claro, con una oración rondando por mi peculiar y negativa mente:
Salva a ese chico.
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Save That Boy.
RomanceY, de manera inesperada, un alma gravemente dañada se apropia de mi mente y corazón día con día. Reprimida, desdichada, pero, sobre todas las cosas, hermosa. No me encuentro en condiciones ni sutilmente adecuadas. Sin embargo, una parte de mí, en el...
