CAPITULO 1. Dejavu

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Desde que tengo memoria, he estado persiguiendo un sueño que nunca puedo alcanzar. No es que lo busque intencionalmente, sino que me persigue noche tras noche, transformándose en una especie de maldición que me roba el sueño. Son siempre los mismos sueños: estoy en un lugar que no reconozco, rodeada de susurros y voces que no puedo entender del todo. A veces, veo a mi madre en estos sueños, pero nunca puedo alcanzarla. Es como si hubiera una barrera invisible que me separa de ella y de la tranquilidad que solía darme.


Este año, en particular, se siente diferente. Mi último año de secundaria debería ser un momento para concentrarme en el futuro, en los planes y las promesas de la vida adulta. Sin embargo, el mismo patrón de sueños inquietantes me sigue. Mi único refugio en el día es el confort de Lois, mi novio, y la compañía de mis amigos Keila y Jean, quienes siempre me han apoyado. Ellos son mi ancla en medio de la tormenta de incertidumbre.


El primer día de este nuevo año escolar llegó con una mezcla de entusiasmo y ansiedad. Había tanto por hacer y por descubrir, y me sentía lista para enfrentar cualquier desafío. Sin embargo, nada me preparó para la llegada de Ezequiel, el nuevo compañero de clase.Ezequiel era, sin duda, impresionante. Rubios cabellos dorados y unos ojos azules que captaban la luz de una manera casi mágica. Pero lo que más me llamaba la atención era la manera en que, a pesar de su apariencia encantadora, parecía tener un muro invisible que lo separaba del resto de nosotros. Desde el primer momento, su indiferencia hacia mí fue evidente. Me acerqué con una sonrisa amistosa y una intención genuina de hacerle sentir bienvenido, pero él apenas me dirigió la palabra.


—Hola, Ezequiel —dije con una sonrisa. —Soy Hailey. Si necesitas algo, no dudes en pedirlo.Él apenas levantó la vista de su mesa, dando una respuesta cortante: —Gracias, pero creo que puedo manejarme solo.


Intenté no dejarme desanimar por su tono, pero la semana continuó con la misma frialdad. Cada intento que hacía por integrarlo a nuestro grupo parecía ser un ejercicio en vano. Los comentarios de Ezequiel, cuando me dirigía la palabra, eran siempre condescendientes.Un día, mientras estábamos en la cafetería, me acerqué a Ezequiel con la esperanza de iniciar una conversación que pudiera suavizar un poco el ambiente.


—¿Qué tal tu día? —le pregunté, sentándome frente a él con un plato de comida en la mano.Él miró a su alrededor y respondió sin mirarme a los ojos: —Como todos los días, supongo. ¿No tienes algo mejor que hacer que molestarme con preguntas triviales?


Mi rostro se sonrojó de la sorpresa y la incomodidad. No sabía cómo reaccionar ante un comentario tan despectivo. Me levanté de la mesa rápidamente, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza. Keila y Jean, que estaban cerca, me miraron con preocupación.


—No sé qué he hecho para merecer esa actitud, pero sólo intento ser amable —dije antes de alejarme.Las semanas siguientes no mejoraron. A pesar de mis esfuerzos, Ezequiel continuaba manteniéndose distante y, a menudo, despectivo. En una ocasión, mientras trabajábamos en un proyecto en grupo, le ofrecí mi ayuda con la tarea, esperando que tal vez esto pudiera romper el hielo entre nosotros.


—Oye, Ezequiel, veo que estás teniendo dificultades con este apartado. ¿Te gustaría que te ayudara? —le pregunté mientras me inclinaba hacia él.


Él me miró con una expresión que era difícil de interpretar: —No necesito tu ayuda. No entiendo por qué estás tan insistente en involucrarte en todo lo que hago.


Sus palabras me sorprendieron, pero traté de mantener la calma. —Solo estoy tratando de hacer que este año sea lo más fácil posible para todos. No quiero que te sientas solo o incómodo.Él se cruzó de brazos, claramente molesto. —Quizás la razón por la que me siento incómodo es porque la gente no sabe cuándo dejarme en paz.


A pesar de estos intercambios incómodos, comencé a notar que había momentos en los que su actitud cambiaba, aunque solo brevemente. Una tarde, cuando el grupo estaba organizando un evento escolar, Ezequiel se mostró menos distante. Me ayudó con algunos preparativos y hasta ofreció una sonrisa genuina.


—¿Sabes? —dijo mientras trabajábamos juntos—. A veces me sorprendes. No esperaría que alguien como tú se preocupara tanto por los demás.


No pude evitar sonreír. —Creo que simplemente creo en tratar a los demás con amabilidad. Todos tenemos nuestros problemas, pero eso no significa que tengamos que ser groseros.


Sin embargo, justo cuando empezaba a pensar que tal vez había alguna esperanza de una mejora en nuestra relación, Ezequiel volvía a su actitud habitual de distancia. Era como si luchara con algo interno que lo hacía retraerse cada vez que mostraba signos de apertura.Mi determinación de entenderlo no disminuyó. Había algo en Ezequiel que me intrigaba profundamente, algo que parecía estar escondido tras la fachada de desdén. Y mientras los días pasaban, continuaba buscando una manera de conectar con él, con la esperanza de que quizás, algún día, él pudiera encontrar el valor para abrirse y explicar las razones detrás de su comportamiento.Mis sueños persistentes seguían como un eco en mi mente, recordándome que la búsqueda de respuestas en mi vida no solo se limitaba a Ezequiel, sino también a los misterios que parecían rodear mi existencia. Con cada nuevo día, me sentía más decidida a enfrentar no solo los desafíos que Ezequiel representaba, sino también los secretos que parecían estar enredados en los recovecos de mi propia mente.

Xhyntos, Tierra De UtopíaWhere stories live. Discover now