Acercó su boca a la mía, y ahí estaban, esos magníficos labios que tantas veces había besado... Me besó con fuerza, como si fuese nuestro último beso. Me besó con pasión, con fuerza, casi haciéndome daño.
Ahí estábamos nosotros, solo él y yo, parecía que el tiempo no avanzaba, parecía que éramos felices...
El despertador sonó y acabé cayéndome de la cama. Parecía que esa era mi nueva rutina, soñar con Izan, que suene el despertador y caerme.
Me levanté del suelo y fui hacia el baño, y sí, ahí estaba yo, con mi pelo castaño enmarañado y los ojos rojos, debí de haberme quedado dormida mientras que lloraba, eso también formaba parte de mi rutina.
No iba con mucho tiempo pero mi cuerpo pedía a gritos una ducha. Empecé a quitarme el pijama y la ropa interior cuando oí unos golpes en la puerta. Puse el agua en marcha y abrí la puerta mientras me tapaba con una toalla, aunque tampoco había mucho que tapar.
- ¿Sabes que yo también tengo que estar listo, no? - como casi todas las mañanas que me duchaba ahí estaba mi insoportable hermanastro mayor. Después de que mi padre nos abandonase, mi madre se casó con otro hombre también divorciado, un año después nos fuimos a vivir todos juntos, incluido el insoportable de Alex.
- Podrías entrar antes al baño si no te pasaras las noches hablando con diferentes chicas.
Entró al baño y agradecí no haberme quitado todavía la ropa interior.
- Cómo no te calles la puta boca te la partiré, -dijo mientras me empujaba contra la pared- solo eres una enana de mierda.
Aquella situación era constante, intentaba enfrentarme a él, intentaba ser fuerte, ser yo misma... pero siempre los mismos obstáculos con su nombre.
Sin decir nada más, salió del baño y de forma inconsciente comencé a caer hacia abajo hasta quedarme en el suelo sentada con las manos sujetando las rodillas, las lágrimas me iban cayendo poco a poco cuando decidí que sería mejor meterme en la ducha.
El desayuno fue actamente igual que siempre, dos tostadas y un zumo de naranja hecho por mi madre, que se levantaba algo antes que yo e intentaba duésesayunar conmigo, ya que solo solíamos estar juntas a esa hora y en la cena.
- Aroa, ¿qué es eso que tienes ahí?-dijo mientras señalaba un moratón que había aparecido en mi hombro.
- ¿Esto? Oh nada, ayer me caí de la cama, no te preocupes. -ya había explicado a mi madre las amenazas anteriores de Alex, pero ella estaba tan sumamente enamorada de su nuevo novio que no merecía la pena.
Las amenazas solían ocurrir cuando le hablaba sobre esas chicas. Cuando solo estamos él y yo a casa siempre trae alguna que otra chica y ya me he acostumbrado a ver a tantas paseándose por la cocina los domingos que ya me he acabado acostumbrando.
Llevé los platos al fregadero y subí a mi habitación. Me mire en el espejo, y vi un claro reflejo de mi madre, aunque el pelo castaño con reflejos rubios era de mi padre, al igual que sus ojos azules, pero tenía los pómulos de mi madre, su mandíbula, la misma forma de la boca, sin embargo yo veía la realidad y ella se quedaba encerrada en su mundo de color rosa.
Cogí la mochila y me fui directa a la parada del autobús. Subí al autobús y me dirigí a uno de los asientos del fondo. El autobús iba ya por la segunda parada cuando entró él. Izan.
Se sentó unos asientos más a delante que yo, no sin antes dirigirme una mirada y una sonrisa de tan solo unos segundos, los cuales parecieron una eternidad. Ya había pasado 1 año desde que cortamos, él se había visto con muchas chicas más después de mi, y yo, sin embargo, había estado todo ese año sola, ocultando las lágrimas y diciendo que ya solo era cosa del pasado cuando sabía que no era así.
Había estado tanto tiempo pensando sobre lo nuestro durante el viaje que casi me quedo en el autobús.
Iba ya de camino hacia las escaleras cuando a lo lejos vi una larga melena rubia que venía hacia mi.
- Por fin llegas, recuerdame que para tu próximo cumpleaños te compre un despertador.
- Créeme, me haría falta Maia. - Maia era mi mejor amiga desde los 5 años, siempre habíamos estado juntas. Su casa estaba a dos calles de la mía y ya era tan familiar para mí como mi propia habitación.
Entramos a la clase de matemáticas y fuimos directas a nuestro sitio junto a las ventanas casi en la última fila, allí me sentía bien, las matemáticas eran lo mío y el estar con Maia era lo mejor.
-Oiga profesor, si sumamos 3 personas y otras 3 personas, ¿qué sale? -Matt Evans, junto a sus amigos es de los más populares del instituto, a parte también de ser de los más imbéciles.
- 6 personas Matt, ¿por qué?
- Claro que no profesor, -dijo un amigo de Matt, Aaron creo que se llamaba- 3 personas y otras 3 personas juntas forman una orgía.
Tras decir eso todos sus amigos empezaron a reír y tras ellos todos los demás de la clase soltamos unas risitas.
- ¿Por qué son tan sumamente gilipollas? -a Maia nunca la habían hecho gracia sus bromas. Ellos eran de saltarse las clases, menos Matt, él parecía que mostraba algún mínimo interés por algo de las clases.
*****
- Maia, ¿entonces que tal tu examen? -estábamos en el comedor, y Jules; mi mejor amigo, se había sentado con nosotras como muchas otras veces.
Antes de que Maia pudiese contestar se oyó como la música se apagaba y el director empezaba a hablar.
- Aroa Jones, vaya a la clase E02, por favor.
- ¿La E02? Esa es la clase de matemáticas, ¿has hecho algo malo Aroa? -me preguntó Jules algo inquieto.
Ni siquiera le contesté, estaba demasiado ocupada pensando por qué tendría que ir allí.
Casi sin darme cuenta ya me encontraba abriendo la puerta, y allí estaba el profesor de matemáticas, junto a Matthew Evans.
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Señales desde el corazón
Teen FictionAroa Jones a sus 17 años debe aprender que las cosas se acaban y que no hay nada malo en que empiecen otras nuevas. Debe aprender a no guardar tantos secretos y a ser ella misma ante todo. Para conseguir todo esto tendrá la ayuda de Maia y Jules; su...
