Capitulo I

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No podía dejar de mirarlo.

Aunque intentaba prestar atención a la clase de la señorita Vainilla, mis ojos terminaban regresando una y otra vez a la misma persona. Sonic estaba sentado unas filas delante de mí, completamente ajeno a la atención que recibía por mi parte. Lo observaba por la espalda, siguiendo con la mirada cada uno de sus movimientos, desde la forma en la que se acomodaba en la silla hasta cómo apoyaba distraídamente el brazo sobre el escritorio. Incluso algo tan insignificante como verlo mover una de sus orejas conseguía que mi mente comenzara a imaginar cosas que probablemente no debería estar imaginando en mitad de una clase.

Suspiré en silencio y apoyé la mejilla sobre una de mis manos.

Era ridículo.

Llevaba tanto tiempo enamorada de Sonic que ya ni siquiera sabía distinguir cuándo estaba pensando en él y cuándo simplemente estaba fantaseando despierta. Y, para mi desgracia, aquella mañana parecía que mi imaginación tenía decidido hacerme pasar un mal rato.

-Muy bien, chicos -la voz de la señorita Vainilla consiguió devolverme finalmente a la realidad-. Antes de que termine el curso todavía nos queda un último ejercicio.

Alcé la cabeza inmediatamente. A mi alrededor, el resto de los alumnos también comenzaron a prestar atención.

-¿Otro ejercicio? -se quejó alguien desde el fondo.

La señorita Vainilla sonrió con paciencia.

-Uno muy especial. Y estoy segura de que aprenderéis mucho con el.

Iba a continuar hablando cuando una estruendosa carcajada resonó desde el pasillo.

-¡Jo, Jo, Jo, Jo, Jo!

Todos nos quedamos inmóviles.

Reconocería aquella risa en cualquier lugar.

Sonic fue el primero en levantarse de su asiento. En cuestión de segundos, el ambiente tranquilo de la clase desapareció por completo. Todos nos pusimos en pie, preparados para enfrentarnos a quien acababa de entrar.

-¡Eggman! -exclamó Sonic.

La puerta se abrió de golpe y el doctor apareció en el umbral con aquella expresión de satisfacción que siempre llevaba cuando estaba a punto de hacer algo que seguramente terminaría causando problemas.

-¡Exactamente, querido Sonic!

Me preparé para sacar mi martillo, pero antes de que cualquiera pudiera hacer nada, la señorita Vainilla se colocó delante de nosotros.

-¡Alto!

-¡Apártese, señorita Vainilla! -advirtió Sonic-. ¡Eggman le hará daño!

Una carcajada volvió a escucharse detrás de ella.

-¡Ho, ho, ho! ¡Qué adorable preocupación!

Sonic apretó los puños.

-¡No tiene ninguna gracia!

Vainilla se volvió hacia nosotros con absoluta tranquilidad.

-En realidad, gracias al señor Eggman podremos realizar el ejercicio.

Todos nos quedamos mirándola.

-¿Qué?

La pregunta y la confusión fue general.

Eggman carraspeó, intentando recuperar cierta dignidad.

-Como estaba diciendo antes de ser interrumpido por semejante recibimiento... he decidido prestar mi colaboración para el proyecto de la señorita Vainilla.

Bajo el mismo techo (Shadamy)Stories to obsess over. Discover now