Capítulo 1

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Alemania, 2018

-Que nadie te diga que no puedes, muchacho. Tus padres jamás dejaron que aquello les afecte. Lucha por lo que quieres, y siempre hasta el final – aseguró Germán con cierta nostalgia.

-Pero abuelo, seguro que no le gustaré. He hecho todo lo posible para que fije en mí y no ha dado resultado.

-¿A qué llamas tú todo lo posible?-dijo éste último dudando.

-La he invitado al cine, la he mandado una solicitud por todas las redes sociales que conozco, me he ofrecido a hacer sus trabajos, la he invitado a pasear…

-Y el cortejo? Los muchachos de hoy en día sois unos impacientes. En mi época las cosas eran algo más complicadas y teníamos muchas menos opciones que ustedes, pero sin embargo yo amé, amé a tu abuela, como jamás he vuelto a amar a nadie –dijo un Germán melancólico.

Recordar todo aquello le entristecía. Fue un amor algo corto, pero sí muy intenso. De los que marcan para toda la vida y él lo sabía. Casi nunca había hablado con nadie de ello, y solo se limitaba a recordarlo como algo propio, algo suyo muy personal. Apenas conservó unas fotos suyas de cuando eran bastante jóvenes. Recuerdo que escondía bajo llave en su corazón.

-¿Cortejar? Abuelo, ya nadie habla así, las redes sociales han ayudado a muchas parejas de hoy en día. En fin, yo lo he intentado. –dijo fingiendo derrota. –Pero abuelo, ¿cómo es que nunca, me hablas de la abuela? ¿Cuál fue vuestra historia?

-Ya eres bastante mayorcito, trae dos tazas de chocolate caliente y siéntate junto a la chimenea. Voy a abrir una vieja herida, que jamás del todo sanó.

Senegal, 1950

-Por todos los santos Mamadou, si es tan solo un crío, esperemos tres años más hasta los quince. Apenas aprenda a leer y a escribir lo mandaremos a Europa. –dijo Fatumata angustiada.

-Cuanto antes, mejor. Que sepa lo que significa buscarse la vida. Además, no te quejes, les mandamos con todos los gastos cubiertos por esos blancos.

Fatumata no dejaba de llorar, sabía que esos dos eran su última oportunidad de hacer las cosas bien, ya mandó antes a algunos de sus hijos y no supo nada más de ellos. Tal vez alguno haya muerto, como decían los lugareños, y otros tal vez podrían haber rehecho su vida.

-Deja de llorar por tonterías y prepara a Aminata también, si no quieres que me enfade.

-¡¡A ella no por favor!! Ella pronto se casará y podrá crear una hermosa familia. Una familia normal. Tal vez ella tenga la oportunidad- susurro para sí misma. Ya no la importaban las palizas a medianoche, los insultos y humillaciones que él la regalaba. Todo era por un motivo, por sus hijos. Por ellos ella iba a ser fuerte. Esos dos eran los únicos tesoros que aún conservaba e intentaría lo que fuese por no perderlos a ellos también.

-¿Normal? Lo que tiene que hacer es cuidar de sus padres, los mismos que le han dado la vida que ahora tiene. ¡Desagradecidos! Además, Aminata ya no tiene posibilidad de jugar a las familias, ¿quién querría comprarla? –dijo soltando una sonora carcajada. -Aminata, sal de tus sombras y prepárate. Esta misma noche sale vuestra barca y el viaje será largo.

Los hermanos en silencio, comenzaron a empacar sus escasas pertenencias, pues, ya no podían retrasarlo mas. Su madre en varias ocasiones había conseguido evadir esa decisión, alegando enfermedad, corta edad etc. También habían agotado todas las formas de huir, su padre siempre les encontraba y los llenaba de palizas, en especial a su madre por ayudarles a ello.

Esa misma madrugada, ya en el puerto, iban separando por grupos, según el itinerario de cada barca. Había hombres, mujeres y niños de todas las edades. Incluso mujeres embarazadas. Quién sabe la vida que les esperaba al otro lado del océano. Se subieron a su barca correspondiente mirando a sus compañeros de viaje, cuando encontraron una cara cubierta por un pañuelo, dejando descubiertos sus ojos únicamente.

Esos ojos… Mandu los reconoció. –¿Mamá? - susurro mirándola tristemente.

-Shhhh ! susurro poniendo el dedo en sus labios.

Los ojos negros de Germán Stories to obsess over. Discover now