De repente, Konrad Shiltberger se vio libre de la parálisis que atenazaba sus piernas y, oprimido de prisas y enfurecido salió de aquel hospital de mala muerte. Tenía clara la primera tarea que debía cumplir después de meses en aquel sanatorio. En un santiamén llegó a su destino y allí estaba, el hombre que hizo que su padre falleciera y él quedase paralítico. Sí, se tomó la venganza por su propia mano, degollándolo y desmenbrándolo.
