La ultima vez que Elena vio a su hermana fue en el funeral de su tía abuela Socorro. Ese había sido un funeral detestable, lleno de hipocresías y lagrimas falsas. Si ella se encontraba en aquel lugar era debido a lo mucho que le debía al cadáver en el ataúd, siempre fue un apoyo cuando alguien la necesitaba, siempre tenia un consejo y una buena taza de café para toda aquella alma rota que quisiera acudir a su hogar. Elena ahora tenía quince años, podía comprender las cosas, y una de ellas era que desde la muerte de su hermana todos le dieron la espalda, acusándola de ser la causante, ella era la mayor debía de cuidarla. Únicamente su tía Socorro comprendía lo sucedido.
El funeral se llevo acabo en la funeraria del pueblo, todos los familiares estaban presentes, incluso los lejanos, aquellos que vivían en Nebraska, en un pueblo llamado Crownless. Elena no podía tolerar las miradas dirigidas a ella, incluyendo las de su propia madre, por lo que se encontraba alejada de todos, sentada en los sillones verdes, separada por una pared blanca del cadáver y de los espectadores hipócritas que les dedicaban pésames a las hijas hipócritas de la gran Socorro. Ella pensaba en lo irónico que resultaba estar sentada de nuevo allí después de cinco años.
Me veían igual en el funeral de Karina, pensó Elena bajando la mirada, intentaba contener el llanto, pero era demasiado peso en su corazón; corrió al baño de la funeraria, cerró la puerta y sintiéndose a salvo lloró desconsoladamente hasta vaciar todo lo que tenia acumulado en su joven vida.
Tal vez pasaron cinco minutos, o una hora entera, Elena yacía en el piso, sentada, mirando pensativa a la pared, se preguntaba cuántas personas no habían llorado en aquel baño, sintiéndose de una forma similar a la que ella se sentía.
—Elena... —Sonó una voz a su alrededor. Elena se levantó sobresaltada del piso, pegó su cuerpo a la pared y comenzó a buscar a ciegas el picaporte de la puerta.
—¿Quién es? —Preguntó sintiéndose estúpida, ella era la única persona en aquel baño —. ¡Esto no es gracioso!
—¡Soy Karina! —Sonó de nuevo aquella voz.
—Esa no es tu voz —Bramó Elena sintiéndose furiosa. Pensó que alguno de sus primos le estaba haciendo una pésima broma. Abrió de golpe la puerta para encontrar al culpable, entonces quedó perpleja.
Frente a ella la funeraria estaba cerrada, todas las luces habían sido apagadas, las persianas estaban corridas en las ventanas principales y el letrero de cerrado estaba encendido. El cuerpo entero de Elena estaba erizado, sus sentidos estaban en estado máximo de alerta, el miedo se apoderaba de todo el control, entorpeciendo cada movimiento que quisiera hacer.
—¡Elena! —Sonó la voz, esta vez muy cerca.
—¿Quién eres? —Pregunto Elena. A su alrededor todo se encontraba oscuro, sin embargo, el tiempo que llevaba ahí parada les dio a sus pupilas la dilatación necesaria para reconocer las siluetas de las sillas, las mesas y los sillones. Avanzó lentamente, cuidando de no golpearse con nada; su respiración era acelerada y ruidosa, tocaba los respaldos de los sillones dos veces antes de dar un paso.
—¡Elena! ¡Aquí! —Gritó la voz a sus espaldas. Esta vez sonaba asustada.
Girándose sobre sus talones Elena pudo ver a la silueta de una niña frente a ella. Era Karina, sin duda era ella, su voz había cambiado, pero era ella.
—¡Karina! ¡No puedes ser tú! —gimoteó Elena. Deseaba con todas sus fuerzas que la pesadilla culminara ahí. Aquello no podía ser real.
Camino hasta la figura de su hermana, intentando tomarla de la mano. Aún no podía ver su cara, y antes de que pudiera hacerlo la figura desapareció.
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HAY MARIPOSAS
HorrorNos vemos de nuevo, querido lector. Esta vez te traigo un nuevo relato. Elena se encuentra en el funeral de su tía abuela Socorro, cuando una voz proveniente de la nada pronuncia su nombre. Dicha voz la llevará a encontrarse con su hermana fallecid...
