Hace ya varios años que conocí un deporte del cual quedé más que maravillado, podría decirse que me enamoró perdidamente y es algo que no se puede explicar tan fácilmente.
Recuerdo en mis inicios, a pesar de tener 25 años, llegué a tener la ilusión de todo chico que se siente a gusto en un deporte y quiere darlo todo. De hecho anteriormente (unos 10 años atrás) sentí algo parecido; sin embargo, ahora era distinto, era algo mucho más fuerte, era como si una llama se hubiera encendido dentro de mi pecho y cada vez ardía con más intensidad. Y así pasó el tiempo y mi ilusión por ser titular, tener más minutos en cancha y demostrar que podría ser tan fuerte como los monstruos que veía frente a mi y que ahora quiero tanto como se quiere a un familiar con el que eres bien allegado.
Luego de haber tenido mis primeros minutos ese sentimiento jugador - club se hizo más fuerte al punto de haber comentado a uno de mis amigos que soñaba con defender los colores de mi país y ser capitán. Es algo realmente loco y fuera de la realidad en aquel tiempo, sin embargo la vida a veces te cumple ciertos deseos que al final te llenan y te dan una razón de ser.
Los 2 primeros años en algo flaqueó mi fe, mi amor por los colores que juré defender a muerte, pues cometí (Quizás el error de mi vida, o quizás un error del cual debía aprender a palos) y todo por una nueva ilusión con una mujer que aparentemente era el amor de mi vida y al final por poco y termino retirándome de todo, incluido el deporte al cual amo tanto; un desamor que me hundió en algunos vicios que pude superar.
Sin embargo, este deporte es tan lindo y tan especial que a pesar de que por poco y lo abandono, me dio una nueva oportunidad... y desde ahí juré defender a muerte estos colores que son mi razón de ser, y me di cuenta que es así cuando vi aquellos colores mezclados con mi sangre, siendo un monstruo más de aquellos que conocí hace 4 años atrás.
Y trato de ser más y más fuerte, y aunque me digan que me he vuelto más fuerte, para mi no es suficiente... nunca lo será, por eso debo trabajar duro y demostrar por qué llevo el honor de defender esos colores.
Hoy, aquel sueño que alguna vez comenté a mis amigos, se ha vuelto realidad, y con creces infinitas, mucho más de lo que cualquier mortal puede imaginar, pues soy el capitán de mi club, de aquel club que me abrió las puertas y me recibió con los brazos abiertos cuando más lo necesitaba y que tal vez aún sin merecerlo, me sigue premiando, aquel club que me enseñó que puedo ser más que un humano común y corriente, y aunque me ha costado un poco adaptarme al 《rango》, sigo siendo el mismo muchacho de 25 años que llegó un día con una ilusión y que aspira con el apoyo de sus amigos conseguirla.
Muchos que han leído este pequeño relato pensarán que hablo del fútbol, pero no es así...el deporte que tanto me enamoró y al que aspiro darle hasta el último de mis alientos tiene un nombre más especial, más fuerte, más sublime... su nombre es RUGBY, un deporte de bestias jugado por caballeros; para mi, la vida misma.
