1 - Im Jaebum

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La luna se estaba tornando de un color escarlata parecido al de la sangre.

-Hazlo... -casi parecía que susurraba esa voz lejana que oía en medio de la oscuridad.

'' ¿Qué me está pasando...?'' pensaba él mientras notaba cómo le dolía lo más profundo de su ser.

-¡¡Maldita sea, hazlo de una vez!! -le gritó esa otra persona que tenía delante mientras le ofrecía algo.

'' ¿Quién es...?'' se preguntaba mientras sólo conseguía ver una figura borrosa ante él. '' ¿Qué hace y...? ¿Por qué me noto... -suspiró- tan frágil...?'' Al instante perdió la consciencia.

Rápidamente, Jaebum abrió los ojos y se encontró en medio de su habitación, sobre la cama.

-Otra vez esa mísera pesadilla... -susurró muy bajito, casi para sus adentros.

Eran ya dos semanas contando esa en la que tenía esa pesadilla una y otra vez sin descanso. No la comprendía en absoluto, no tenía la menor idea de a qué se referiría y no sabía cómo hacer que cesara.

-Ven aquí hombretón... -dijo una chica que se encontraba a su lado, con ganas de darle un buen despertar al gran elemento que tenía al lado.

-No estoy para eso ahora, Ileana -respondió éste acercándose al borde de la cama para sentarse correctamente mientras se frotaba la cabeza- Quedan menos de dos horas para las 10 de la noche, y sabes que a esa hora ya debes de estar más que fuera de mi castillo -sentenció él serenamente.

-Venga, vamos... -insistió ella acercándose a él y tocándole el hombro desnudo- Aún da tiempo para uno rapidito... -se acercó un poco más a él para tentarle como solía hacer a menudo.

- ¿Me estás diciendo que no tienes suficiente con lo de esta mañana? -le preguntó Jaebum con la voz grave mientras la miraba a los ojos sin parpadear ni un instante.

Ésta al instante se quedó más tiesa que un palo en la cama y segundos después se levantó para comenzar a recoger sus vestimentas y marcharse del lugar.

Cuando Jaebum no podía librarse de alguien no dudaba en usar uno de sus encantamientos más famosos, y ese era el de la persuasión. Con su forma de persuadir a la gente siempre conseguía lo que él quería, ya se tratase de sangre humana o sexo con una vampiresa cualquiera, a fin de cuentas, no tenía ninguna otra necesidad aparte de esas dos.

Pero esa tarde había vuelto a tener esa pesadilla, le traía por el valle más angosto el pensar en lo que podría estar diciéndole. Él sabía que no podía no significar nada, y menos aun cuando se repetía tan seguida e insistentemente, pero el problema era que no sabía aún a quién preguntarle, por eso esa noche tenía el doble de ganas de ir al poblado, para probar suerte y saber si allí había alguien que pudiera proporcionarle una respuesta.

Mientras él ya estaba planeando su noche y pensando de qué tipo de sangre prefería su menú, la muchacha ya se había marchado del lugar y él comenzó a prepararse para su gran noche.

Se acercó al armario donde guardaba sus ropas y comenzó a elegir la que se pondría esa noche, sacó unos pantalones de pinza grises y una camisa blanca ajustada a su marcado torso. Justo encima de la camisa se colocó un chaleco del mismo color de los pantalones, y encima se puso una gabardina también del color gris para ir lo más disimulado posible. Finalmente, como toque definitivo, se puso una pajarita a conjunto de toda la ropa para no desentonar.

Rápidamente se acercó al gran espejo de cuerpo que tenía en una esquina de la habitación y lo acomodó para mirarse bien. Su pelo negro como la noche le caía parcialmente ante sus ojos rojos como la sangre, chasqueó los dientes una vez y murmuró para sí mismo.

Sueño de una Luna de SangreStories to obsess over. Discover now