Turistas

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Después de meses de planearlo, al fin pudimos salir de viaje. Esas anheladas vacaciones que tanto nos hacían falta.
Tomamos nuestras mochilas, solo lo esencial, los pasaportes y salimos a descubrir cosas nuevas.
Recuerdo que tomaste mi mano y la besaste por el dorso -cómo era tu costumbre, ese caballeroso y tierno gesto que siempre me sacaba una sonrisa- me sonreíste y prometiste que esto iba a ser inolvidable.

A decir verdad, no recuerdo mucho del traslado, mi mente se concentró en el lugar al que llegamos. Aún puedo escuchar el barullo de gente por las calles de aquella ciudad con tanta historia. Nos sentamos a desayunar en un pequeño café, de esos que tienen las mesas con una gran sombrilla en medio y que están sobre la calle a la vista de todos. Los aromas del café molido y del pan recién horneado nos tenían embelesados. Hablamos tanto mientas tomábamos el desayuno que parecieron horas, creo que no queríamos irnos de ahí, pero el día apenas comenzaba y debíamos visitar muchos lugares.

Seguimos "turisteando" por todos lados; museos, librerías, tiendas de souvenirs, confiterías, vinícolas...
En fin, terminamos el día rendidos y desparramados sobre la cama del hotel.

Al día siguiente nos levantamos bastante tarde, no teníamos prisa pues iríamos a un parque bastante extenso, algo así como Central Park pero menos lleno de tiendas y puestos.
Llegamos ahí después del almuerzo, recorrimos un tramo y  al ver lo hermoso del día y de la naturaleza nos tiramos en una manta sobre el pasto.

La hierba olía tan fresco y el viento soplaba tan perfectamente. Cuando terminamos de comer los emparedados que llevamos, nos recostamos a leer pero el gusto nos duró poco, comenzaba a llegar mucha gente a jugar con sus hijos y preferimos seguir caminando.
Retomamos aquel camino empedrado; las piedras color marrón claro eran cuadradas y bien colocadas, parecía antiguo pero bien cuidado y si uno ponía atención se podía distinguir los puntos en los que había sido remodelado.

Cómo la tecnología nunca falta, tu tomabas fotos por un lado y yo caminé hacia el extremo opuesto donde había un pequeño arroyo, el sol ya se había ocultado y el atardecer estaba en su punto más hermoso para tomar una foto sobre ese arroyo.
Caminé con el teléfono intentando tomar el ángulo perfecto pero algo estaba fallando, la imagen se distorsionaba y la pantalla se congelaba en segundos, escuché que hablabas a lo lejos pero no entendí lo que decías molesta por el estúpido teléfono que no funcionaba.
Mi vista estaba sobre la pantalla y de pronto puff... Nada, no recuerdo nada. No recuerdo cómo es que llegué aquí, no recuerdo porque todo me parece tan normal y sobretodo no recuerdo porque no te extraño. Porque no busco la manera de salir, de regresar, pareciera que llevo toda mi vida en este lugar donde jamás se ve el sol.

El Lugar Donde No Se Ve El SolHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora