uno | el recién llegado

1K 60 23
                                        

wooseok había aprendido muchas cosas en este último tiempo de su vida y por alguna razón, durante esta semana, ha estado repasando cada una de aquellas cosas.

se dio cuenta, para comenzar, que la paz es algo que uno debe atesorar más que nada. la paz de poder caminar sin pensar en cada instante, cada minuto, cada segundo, en que te vas a morir.
se dio cuenta también de que amaba mucho a su familia: a su mamá, su papá, sus hermanas. pensaba en cada día lo mucho que extrañaba su casa: su cama calentita, los regaños de su madre por despertar tarde para ir al trabajo, acompañar a su padre en su librería en Seúl, o incluso sus molestas hermanas pequeñas que lo hostigaban una y otra vez a cambio de golosinas o vestidos.

se dio cuenta que, por mucho que extrañe esos tiempos, no volverán nunca, porque él nunca volvería a ser quién era jamás. no podía recordar quién era, o al menos, no después de las cosas que ha visto; no desde que el miedo de insertó en su corazón.

wooseok había muerto, para volver a nacer.

también pensó que, si la guerra no lo mataba, lo iba a hacer el cáncer de pulmón porque no podía parar de fumar, no importase lo mucho que lo intentase. la angustia, la ansiedad que tenía en su pecho no lo abandonaba, por lo que en aquel solo tenía tres opciones: sumirse en sus emociones, en el gatillo de su arma, o fumar.
le pareció que fumar era lo más sano.

"wooseok." habló alguien detrás suyo. en un instante se incorporó, deshaciéndose del cigarro en su boca, para finalizar en un saludo recto a su superior. "descanse."

"gracias, sargento."

frente a él, se encontraba el comandante de su batallón, y quisiera o no, la situación no dejaba nunca de extrañarle.

un poco de tiempo atrás, antes de entrar al frente, imaginaba que el comandante de su batallón sería al igual que su instructor: un hombre fornido, de una gran estatura, voz gruesa, estricto. wooseok se había preparado mentalmente para aquello: esperaba, naturalmente, ser observado desde arriba.

sin embargo, sus expectativas fueron muy erradas.

el sargento era un joven, al igual que él, pero bien pudo haber sido un muchachito. al principio, wooseok lo había contemplado desde lejos, entre la multitud de hombres que iban de aquí por allá en el batallón. le había llamado la atención desde un principio: era tan, tan pequeño en comparación a los demás o a él. cómo decirlo... a wooseok sólo le faltaban diez centímetros para llegar a los dos metros y él... ¿pasaría siquiera los uno sesenta y cinco? ¿tendría veinte años siquiera? asi que sí, no había podido evitar sentir compasión por aquel tipo pequeñito ue parecía ser hasta incluso más joven que él. por cierto, hay que recordar algo: wooseok, quien estaba próximo a cumplir veintiuno ese año, pensaba que aún era demasiado joven para ir a la guerra. entonces, cuando lo vio a él... bueno, siempre hay personas que la tienen peor que uno, y le pareció que ese era el caso de ese muchachito.

pero alto ahí, compañeres, hay una sorpresa.

¡chan!

aquel chiquillo no era un chiquillo: de hecho, ganaba a wooseok por casi cinco años, y era, como ya mencionamos, el sargento de su batallón, o más exactamente, el sargento choi. pequeño, pero grande.

lo notó en la fiereza que había en su mirada.

estaba incrédulo.

''dime, ¿cuando llegaste?'' le preguntó, sacándolo del ensimismamiento. ''me informaron que vienes desde los batallones al norte de seúl, ¿no?''

''así es, sargento.'' respondió wooseok casi muy rápidamente. carraspeó. ''tercer batallón de yoncheon.''

''muy a la frontera...'' observó el sargento. un asentimiento leve por parte de wooseok. ''y has sido trasladado.''

lukewarm | woohoWhere stories live. Discover now