Una alarma incesante suena a las 5 con 30 de la mañana, es el sonido inequívoco de que se debe empezar otra vez, otra pelea, por todo otro día.
La mano de un chico de 17 años toca indiferente el botón de apagado, con un ojo abierto, enterrado en la obscuridad de su cuarto, que refleja una mirada cansada, resignada, e iracunda.
Dagar se levanta pesadamente sin ninguna esperanza por el día que ahora empieza. El estrés diario, y una buena dosis de artes marciales, que ha recibido ya desde hace años, le han dado un cuerpo delgado, pero atlético, un cuerpo engañoso que no deja ver su verdadera fuerza física.
Su tez blanca lo hace ver como un fantasma que se desplaza por el cuarto, con cansancio, como un robot con poca batería.
Inician las labores diarias y la rutina diaria, asearse, cambiarse, obligarse a comer algo pues no tiene apetito, lavarse los dientes, irse.
Dagar sale de su casa y observa el espectáculo de la vida humana, las calles sucias de basura, el vagabundo en la esquina de su propia cuadra, todo le que ve le da asco.
Llega a la escuela y recibe datos, que vienen de todos lados, como todos los días, del potencial humano. Vanessa, novia de Octavio se ha acostado con Henry, otra vez; Luis ha subido un poco el precio de la droga que trafica; Alejandra ha puesto laxante a una de sus "mejores amigas" que se tira al profesor que le gusta a Alejandra.
Cada segundo que Dagar pasa junto a sus hermanos y hermanas humanos le disgusta, le asquea, como esa cucharada de medicina amarga, solo que esta cucharada es de puro veneno.
No ha iniciado aun el día, y uno de los depredadores de la escuela se le ha hecho buena idea molestar al tipo raro, Dagar tiene repugnancia por su especie, pero no por ello es indiferente ante el abuso de los menos favorecidos.
Horacio, también apodado como Orate por su notable falta de inteligencia, es un simio humano, grande, musculoso y pestilente, al que seguramente se le ha olvidado que existe el baño y el cepillo de dientes.
Su prominente mandíbula, grandes labios, dientes amarillentos y el hábito de jamás cerrar la boca, lo hacen ver como el perfecto ejemplo del eslabón perdido.
Frente a el y entre las garras de unas uñas que no ha cortado por semanas está el chaleco arrugado de un ratón humano. Pequeño, frágil, rápido y de piel pálida, Tairo, se resiste inútilmente contra el orangután que ahora lo apresa contra la pared, y le exige dinero y su propio celular.
- Si lo quieres ve por el- dice Tairo mientras lanza su cartera a través del pasillo, a ese ratón le dieron una dosis extra de valor a compensación de la falta de músculo y altura.
- Me confundes con tu perrito Tairo- Dice Horacio mientras su hocico mal oliente se acerca a su cuello.
Tairo puede sentir su aliento cálido en el cuello, las grandes manos que le aprietan en chaleco del uniforme, y, cómo en un segundo, yace por los aires, lanzado por una fuerza salvaje de unos brazos morenos y velludos.
El cabello castaño de Tairo queda desordenado y frente a su cara cuando aterriza de rodillas cerca de su cartera; las manos de dedos anchos lo toman de la espalda y una respiración de cloaca se le acerca a la nuca.
¿Sabes cómo me gustaría tener a la preciosura de tu hermana como te tengo a ti ahorita Tairo? - La mirada de Horacio es perturbadora y frívola.
Entonces Horacio levanta a Tairo como un juguete, le da la vuelta, y apoya uno de sus masivos antebrazos contra su garganta, presionándolo contra la pared. Tairo apenas puede respirar casi no siente el piso en sus pies, y entonces lo ve, una sombra de cabello negro y ojos brillantes, ojos de un café tan obscuro que parecen negros. El espectro de cabello negro y largo, con ceño fruncido, aparece detrás de Horacio.
BẠN ĐANG ĐỌC
Un Monumento A Todos Sus Pecados
Khoa học viễn tưởngDagar es un chico incomprendido, fuera de este mundo, una pieza de rompecabezas que no encaja en la sociedad. Abusado, maltratado y rechazado desde muy chico, ha generado un desapego con la raza humana, un desapego que será muy provechoso para una...
