Final Alternativo

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Nunca se me dio bien seguir estereotipos de momentos inconcurrentes. Ni mucho menos lo había intentado. Ni siquiera tenía latente la idea de sentarme en los comedores realizando el nefasto día C—cambiar bruscamente—La dosis perfecta de querer escabullirme entre mi plátano, como desayuno, y un emparedado extra caliente fue la mejor opción posible ante mis pensamientos.

Pero ahí estaba yo. Sentado con mi nerviosismo como compañera fiel y enterrado bajo una mirada que, al ser precisos, estaba cautivada por mi gran aparición bajo su persona.

Créanme con decirles que fue difícil asimilarlo mientras zarandeaba mis piernas hasta recurrir a sus ojos veraces. Tirité de sorpresa, al haber recobrado el juicio que impactaba en mis sienes, cuando mis zapatos chocaron con los suyos.

Me quedé mudo cuando percibió mi encuentro.

¿Qué debía decirle? ¿Qué tenía un plan con el fin de evolucionar mi tacto de subsistencia? ¿Acaso podía mencionarle que necesitaba ayuda? Absolutamente todo estaba saliendo mal. Las burlas empezaban a aparecer en medio de la mierda que tenía como cerebro. Harold sacudía la camiseta planchada de Edgardo, advirtiéndole que hasta mañana tenía el plazo para traer menos porquería de su casa (Siendo siempre mentira). Agustín burlándose en secreto de María; profiriendo a través de mis oídos lo perra con clase que podía ser aquella chica.

Ella no radiaba la «P» de perra –me lo dije dicha vez ensimismado– era prohibida, demonios. Más prohibida que ninguna. Conformaba una de las razones por las cuales la estimaba.

Al ver que estaba parado sin saber que carajos hacer, me enseñó un camino por donde podíamos hablar en privado ya que algunos chismorreaban que el repitente se le había fusilado las neuronas.

Porque ahí estaba yo. Sentado al frente de un psicólogo barato.

Ustedes dirán, ¿No crees que era más sencillo encaminarte hacia el patio trasero del campus?

Claro que podía serlo. Sin embargo, mis niveles de estrés se echaron a correr cuesta abajo. El dolor ardía en las zonas más sensibles de mi sistema, además el recuerdo de desgarrar esos actos cognitivos del "sueño cumplidor" se implantaba como garrapata a un cuerpo inútil.

Y sé que el Sr Druman también lo piensa así, con su saquito marrón abotonado en orden y su pantalón de mezclillas reluciente.

—Tengo una idea—salté al unísono. Como vi que aún no estaba dispuesto hablar, proseguí sin tratar de sonar complicado—De hecho, tengo 5 opciones—. Aferré mis dedos contra la guarnición empezando a desafiar a lo que me quedaba de autocontrol. Suelto un bufido y sigo con mi propósito—. Podrías llamarlo temas, planes, ideas.....cualquier nombre lograría definirlo.

Se hizo el silencio.

Los segundos proclamaban largos minutos, ansiando a que solo hiciera acto de presencia o interés.

No podía creer al punto a la cual había llegado. Mis palmas se tornaron blancas al darme cuenta que contenía la fuerza mediante eso. Solo oí mi respiración agitada y el repicoteo de mis piernas al querer salirse de su órbita. Entonces me puse de pie de un salto, con el corazón latiendo apresuradamente, agarré la dignidad que me quedaba saliendo disparado de su oficina.

¿Qué estaba esperando? ¿Lo mismo que sintonizaban las novelas? ¿Qué me diera una puta solución a mis demonios?

Mi existencia volvió a categorizarse la peor escoria procreada. Quería enterrar la recapacitación en el borde trasero del campus. Entendía que no era la mejor persona al darme el lujo de recuperar una segunda oportunidad. Por un momento pensé que no lo había dado por perdido. Hasta el Sr Druman tenía claro que yo aún no estaba metido de sopetón en la faceta: "Típico fanfarrón intimidante"

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⏰ Last updated: Apr 02, 2018 ⏰

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