¡Silencio, por favor! Señores, comportémonos a la altura de dichosas personas educadas y adineradas que somos. Apreciado público, me es el honor de presentarle la obra de unos de los mejores pintores de los últimos años, quien buscó de otros recursos fuera de tempera, papel y óleo, con ustedes: La bella Penélope.
Escuchaba los aplausos tan lejanos estando yo sentado junto al público, viéndome incluso a mí mismo bebiéndome una copa de vino tinto, como si estuviera tan relajado, como si en realidad no me persiguiese algo. Estaba yo, siendo admirado por un grupo de artistas, aficionados y críticos del mundo del arte.
La obra fue amueblada en El antiguo palacio del Marqués de Matallana, lugar enriquecido de colecciones de pinturas de la España romántica, caminando en la mañana por la calle de San Mateo, cogí el pincel a los ocho años de edad, quizás uno olvidado por un seguidor del movimiento artístico. Jamás pensé que en el mismo salón donde me detuve a admirar las mejores obras de los grandes pintores, estaría una obra mía ¡Dueño y creador de la bella Penélope! Una obra escandalosa, capaz de transmitir mi inmenso amor hacia mi bella dama, Penélope querida y amada.
« ¡¿Qué demonios sucede?!» aterrorizado observo la obra derrumbarse.
Veía como poco a poco pedazos de pintura empezaban a cuartearse, como se desvanecía las delicadas curvas pintadas forzosamente durante meses repletos de noches de insomnio, dolor y desvelo. Fue entonces, que el material tomó otra forma... era ella, Penélope Sanders, o eso creía yo por un momento.
Mi cielo, te ves distinta- angustiado le dije- ¿Dónde quedó tu dulzura?
« Penélope seguía sorda a mis palabras, era ella o lo que quedaba» pensé « No podría ser ella, esta criatura se ve... miserable. »
-Moisés, ¿tú me amas?- Preguntó Penélope a duras penas.
« Quiero pensar que todo es producto de mi mente, Penélope no puede estar aquí o así. » Dije dentro mí.
Entonces, el momento se convirtió en el mismo infierno, sentía como me ardía la nuca, la sudoración se prolongaba y se aproximaba un sonido... El sonido de una sirena, y de golpe la escuché a ella ¿Tú me amas? Largas repeticiones, mi cuerpo no podía con esto, sentía desplomarme, explotaré.
-Moisés... ¡Moisés, por amor a Dios, levántate!- Me dirige la palabra una mujer con traje de oficina- Que te has vuelto a quedar dormido y en media hora sale vuelo a España, Guzmán y el director de Las bellas Artes te están esperando.
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El lienzo de Bertucci
Short StoryMoisés Bertucci, un hombre dedicado al arte crea la amenazante obra que lo alejará de la realidad y de su gran amor: Penélope Sanders
