Capítulo 1: Armas de Fe

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Era tarde. Jack sabía que las velas del establo llevaban rato apagadas. La cera yacía fría al tacto y los caballos dormían placidamente ante el mundanal ruido.

Con el cuidado de alguien que ha repetido el mismo gesto de forma enfermiza hasta lograr su mecanización, Jack empezó a tallar el poste dónde se acurrucaba todas las noches. Para ello usó su cuchillo de confianza, Sarah. Sonaba estupido darle un nombre a una arma, pero Sarah era mucho más útil que otras personas con nombre. Sarah se lo merecía. Empezó a cavar surcos de forma vertical hasta que consiguió la forma idonea: Una flamante cruz.

Jack no creía en dioses, ni tan solo creía en si mismo, pero al parecer la fe era una tradición que se veía obligado a seguir. Sin fe, Jack no sería Jack. Ni Sarah sería Sarah. La fe era su  poder más fuerte.

Jack estiro las piernas y jugueteó con los dedos de los pies. Contó cien ovejas y le susurró a Sarah sus mayores pecados. Lo bueno de hablar con un cuchillo era que este no se podía quejar. Cuanto más hablaba Jack con Sarah mejor cortaba ese cuchillo. Como si la voz de Jack afilara a Sarah y le diera un corte firme y decidido. Definitivamente Sarah estaba viva. Jack solo era la mano que la acompañaba.

Cuando Jack estuvo complacido, guardó a Sarah en su funda, besó la cruz que no creía y se fue a dormir. Jack repetía este proceso todas las noches. Era terapeutico para él. En la repetición encontraba la paz.

Ya ni se acordaba de como empezó todo el ritual. Solo sabía que tenía a Sarah. Saber eso era suficiente para él. Sarah le protegería. Sarah le escucharía. Sarah no lo traicionaría. Jack empezó a reír.

De todas las cosas a las que podría haber querido y Jack estaba enamorado de un cuchillo. A Jack le gustaba el peligro. Pero era normal para Jack. El también era un cuchillo. El actuaba para defenderse. Pero cualquiera que lo cogía acababa apuñalando a alguien. Y siempre la pena caía en Jack. Jack solo quería estar en su funda. Pero a los soldados no les gustaba ese Jack. Su funda era un estorbo, y su hoja una obligación. En defensa Jack no era útil. No servía para nada. Pero ahora tenía a Sarah. Y Sarah le quería siendo o no un cuchillo.

Llevaba horas en ese establo pero Jack no conseguía conciliar el sueño. Él era él solo cuando pensaba. Se había vuelto adicto a este modo de si mismo. Sarah no podía ayudarlo en esto. Sarah solo era un cuchillo. Miró el poste de la fe: Demasiadas cruces. Y ninguna más llamativa que la anterior. La fe tenía mejor pinta explicada por los demás. Jack sabía que la teoría era así. Sabía que no iba a pasar nada por muchas cruces que tallará en un palo de madera. Pero Jack no tenía más opciones. Tenía que darle una función a Sarah. Cuidarla. Sarah quería que la usarán. Que gran mentira.

Al rato llegó el amanecer, y los caballos empezarón a sacudirse. Los rayos de sol molestaban, y el frío nocturno daba paso a una brisa aún más fría. El invierno había sido duro para Jack. Pero Jack estaba bien: Jack tenía a Sarah.

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⏰ Last updated: Mar 19, 2018 ⏰

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