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Una habitación un tanto obscura, por las decoraciones de la loza y las ventanas, hacía que se viera de un tono apagado aquel cuarto. Los colores apáticos, en una escala de grises, era una hecho muy temible y abrumador para cualquier persona que se parase en medio de aquella habitación. Podías ver como la poca luz que se coloba por las cortinas iluminaba débilmente el suelo donde estaba una alfombra de color vino a lado de la cama. Y finalmente, en aquella esquina estaba yo. A lado de una silla bastante vieja y polvorosa que sonaba terrible al moverse por la falta de cuidado en ella.
Un sentimiento terrible inundaba mi corazón haciéndolo palpitar cada vez más y más rápido. ¿A qué se debía tanto sonido ensordecedor? Apreté mis párpados con tanta fuerza para evitar aquella situación tratando de refugiarme en mi propio interior. Era imposible.
Ignorar esa situación y vivirla una y otra vez era tan irritante y doloroso; sentía tanta impotencia sólo de pensarlo. Sabía que quería gritar, llorar y encararle todo lo que mi corazón me fastidiaba y reprochaba a modo de respuesta; pero sabía que no podía hacerlo por más sufrimiento que sintiera en ese momento. Debía aguantar todo eso ya que mi cuerpo se paralizaba y no había modo alguno de reaccionar. ¿Qué podía hacer en ese momento si ni siquiera mi cuerpo funcionaba correctamente?

De pronto, sentí una brisa fresca en el rostro y percibí un olor a menta diluido en vapor. Mis ojos se abrieron con lentitud por los rayos solares que desprendía en todo su esplendor aquel ventanal de madera blanco con algunos toques de encaje en las cortinas rosa pálido y coral.
Después de parpadear algunas veces por la incandescente luz, me levanté sutilmente apoyando mi mano derecha entre las sábanas color coral y dorado con tonos rosados pálido. Volteé a ambos lados identificando el lugar proveniente de aquella brisa que me despertó momentos antes de aquel sueño tan estúpido.
Esa brisa provenía de la ventana de mi lado izquierdo que estaba abierta. Se podía observar con claridad macetas decoradas de color marrón con listones y telas de encaje blancos apiladas de forma perfeccionista en estantes de madera natural.
Suspiré cansada y volví mi vista hacia el frente más relajada. Cerré los ojos un momento tratando de analizar lo anterior, pero, volví a abrirlos al instante al escuchar ruidos de agua del baño que se encontraba en la habitación. Salía vapor por la parte de abajo de la puerta. Naturalmente supuse que se estaría dando una ducha a ésta hora ya que debía irse a trabajar. Me eché hacia atrás nuevamente y suspiré aliviada. Me alegraba que sólo fuese un sueño lo que tenía y no se volviera a convertir en realidad.
Cubrí con mi antebrazo mis ojos tratando de reprimir el llanto que pretendía salir desde el fondo de mí. Estaba harta de seguir pensando en lo mismo y no poder avanzar por aquella tontería. Tenía más cosas que hacer y, agradecía que mi trabajo me distrajera de todos esos pensamientos tan negativos.
Finalmente la puerta del cuarto de baño se abrió y la fragancia de menta junto con una loción sutil, pero demasiado hipnotizante para hacerte quedar oliéndola todo el día, se hizo presente en mis fosas nasales restándole importancia a lo demás. Me levanté nuevamente, ahora de forma más rápida, y nuestros ojos se encontraron haciendo que dejara de frotarse el cabello, tratando de secarlo, con una toalla. Sentí una punzada en el corazón como una jovencita enamorada por su amor a primera vista. ¿Cómo podía seguir sintiendo esto a pesar de los años? Realmente me sorprendía que me hiciese sentir así sin importar el tiempo.
Se acercó hasta los pies de la cama y se me quedó viendo, observando cada parte de mí como descifrando que algo me había pasado momentos antes. Me tensé un poco, pero decidí que lo mejor era acercarme. Llegué hasta el final de la cama deshaciéndome de las sábanas que cubrían todo mi cuerpo anteriormente. Cuando llegué frente suyo, me senté en la orilla viéndole para arriba como niña pequeña que será a punto de ser regañada.
Me miró nuevamente a los ojos y no pude evitar perderme en su mirada tan fascinante para mí. Seguía amándole tan fuerte como desde el primer día en que le conocí.
—¿Has vuelto a soñar lo mismo? —el tono en su pregunta fue bastante preocupado.
—Sí... —traté de terminar la frase con algo convincente para no preocuparle, pero no pude pensar en nada. De todas formas me conocía bastante bien.
—No te preocupes, yo estaré cuidando de ti para que dejes de tener sueños tan aterradores —se inclinó ligeramente pegando su frente con la mía. En ese momento hizo que mi corazón diese un vuelco. Tenía tantos sentimientos desbordantes en mi pecho que no podía manejarlos. Ese nerviosismo recorría por todo mi cuerpo al verle tan cerca de mi rostro, realmente me hacía sentir cosas tan especiales, dulces y vibrantes —. Así que ve a darte a una ducha para que bajes esta fiebre que traes. Aparte has sudado mucho, necesitas hacerlo. Planeo llevarte a tu trabajo hoy.
—No es necesario que lo hagas, tienes que llegar a tu trabajo —le respondí un poco preocupada por él.
—No se trata de si es necesario o no. Simplemente quiero hacerlo —me sonrió sutilmente calmando mis preocupaciones. Sabía bien como aliviar mi ansiedad provocada por mi mente.
Bajé el rostro un poco y una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios a modo de rendición. Sabía que nada le haría cambiar de opinión. Así era él. Una persona decidida que no cedía en lo que quería lograr. En cierta forma nos parecíamos tanto en ello y me gustaba poder compartir ese sentimiento ya que podía entenderle mejor en cuanto a lo que pensaba. Volteé a verlo nuevamente y me dedicó un gesto demasiado cálido para mis ojos. Rápidamente bajé el rostro y le rodeé con ambos brazos su cintura abrazándolo y pegándome a su abdomen. Una sonrisa se dibujó en mis labios. Realmente disfrutaba tenerle tan cerca de mí y poder oler aquella fragancia que era de mis favoritas. Él por su parte me rodeó con un brazo por los hombros y con el otro acariciaba mi cabeza suavemente.
Me brindaba un sentimiento de seguridad increíble que necesitaba en ese momento. Sin importar que, me seguía impresionando que supiera que es lo que necesitaba en cualquier momento y situación. La calidez que sentía en sus brazos me encantaba. Su mano acariciando mi hombro izquierdo me tranquilizaba, mientras que su mano en mi cabeza me hacía sentir más y más amor por él. Lo apreté más contra mí y aferré mis manos a su camisa.
—Prometí que te haría feliz —se deshizo de mi agarre y retrocedió ligeramente hacia atrás, se inclinó a la altura de mi rostro y tomó éste con ambas manos haciendo que le mirara a los ojos—. Así que haré hasta lo imposible para dejes de tener esas pesadillas.
Un inmenso deseo de besarlo inundó cada parte de mí y sentía como mis ojos brillaban. Podía saber que él también sentía lo mismo que yo por la forma en que me miraba. Ambos tomamos la iniciativa de acercarnos al otro y nuestros labios se juntaron más rápido de lo usual.
Una sensación cosquilleante recorría cada parte de mis labios, un nudo en mi estómago se iba haciendo más y más grande, y el simple tacto de sus manos en mis mejillas me hacía sentir burbujeante. Se separó de mis labios cuidadosamente dejando estos un poco húmedos. Le miré a los ojos brindándole una sonrisa y una caricia en su mejilla izquierda. Él sólo se inclinó un poco hacia donde estaba mi mano acariciándole y disfrutaba de mi tacto.
—Me iré a duchar antes de que se me haga más tarde —me paré de la orilla de la cama haciendo que le volviese a dar un abrazo espontáneo y un corto, pero dulce, beso en su mejilla.
—Está bien, te esperaré en la sala —se despidió yendo a la puerta.
—Claro, bajo enseguida —le afirmé mientras me dirigía al cuarto de baño. Sin duda estar a lado de aquel hombre me hacía feliz, fue la mejor decisión que pude haber tomado el pasar toda mi vida en su compañía. No me arrepentía haber tenido que pasar tanto dolor y sufrimiento si al final conocí a alguien como él. Merecía cada cosa de mi vida y eso me hacía realmente feliz.
Me gustaba la idea de compartir toda una vida a lado de la persona correcta, de entendermos a cada momento y amarle incondicionalmente. Cada mañana la hacía perfecta y amaba los detalles que tenía conmigo ¿qué más podía pedir? Sólo esperaba poder regresarle la misma cantidad de amor y atención que él me daba a diario.

Sin duda, el amor verdadero existe.

Love WingsWhere stories live. Discover now