Introducción

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Él no estaba solo. Aun cuando el reloj de sus padres se burlara amargamente a sus espaldas, y entre aquél valioso tiempo no agendara un par de minutos para él. No estaba solo porque era demasiado pequeño para darse cuenta del verdadero significado de la soledad, y sus tiernos alcances desconocían el acre sentimiento del abandono.

Sus labios llevaban trazada la forma de una sonrisa, en sus ojos, incrustado el adorable destello de la felicidad, y su corazón coloreado con una tenue capa de inocencia.

Era divertido pasar la mayoría de las tardes en casa de su mejor amigo, era emocionante regresar a casa durante la puesta de sol, mientras miraba las nubes de la mano de una nueva niñera que cuidaría de él mientras sus padres no están.

Y ese día era especial. Porque aquella joven de pasos lánguidos y mirada castaña, le había prometido al pequeño Frank envenenar sus oídos con la exquisita fantasía de un cuento infantil.

Crispó sus labios escarlata a modo de sonrisa y acomodó su cabello hacia los lados, tan raso como el caer del agua, y tan negro como sus mismos pensamientos.

Los enormes ojos del infante parecían absortos en el pronunciar de cada palabra de Emily, sus oídos deseosos de mágicas mentiras, y su mente rebosante de imaginación.

-Había una vez...


Los Cuentos de Emily |Frerard|Stories to obsess over. Discover now