Una vida más

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"El viento cuenta historias, que solo algunos afortunados pueden comprender"

Había vivido tantos años, y conocido tantas vidas. Sin embargo, aún no se sentía listo para dejar este mundo. El octogenario ciprés desde siempre se había asentado a las orillas del bloque, cerca de una plantación inmensa de pinos.

Solía conversar con su fiel amigo, el viento, y de todas las cosas que este le había dicho y contado, lo que más había llamado su atención eran las felicitaciones que recibía de su parte por encontrarse tan lejos de la acción del hombre. Gracias al viento podía conocer lo que pasaba lejos de ese lugar, lamentablemente, solo eran noticias nefastas. El hombre había acabado con especies animales, plantas e incluso poco a poco, destruía a su propia especie. Fue entonces cuando el anciano ciprés se dio cuenta de la suerte que tenía, se encontraba fuera del alcance del hombre. No obstante, el pobre árbol y su amigo el viento jamás sospecharon que el individualismo y la necesidad inherente del ser humano de poseer y destruir los llevarían hasta aquel bosque. Los pinos habían sido estratégicamente plantados para ocupar un terreno enorme que, llegado el momento preciso le permitiría a un hombre con dinero construir una gran industria. Y ese día estaba por llegar.

Una mañana, unos hombres con trajes y casco llegaron al lugar, de a poco y sin escrúpulos comenzaron a talar cada pino. Así, el viejo ciprés veía sin poder hace nada, como caían aquellos que le habían acompañado a lo largo de su vida. Él debía haberse salvado, eso le había dicho el viento, después de todo los cipreses eran considerados según las antiguas creencias un nexo entre el cielo y la tierra. Él no debería haber sido talado ese día, él no molestaba a nadie y tampoco formaba parte del lugar de trabajo de aquellos hombres. Pero en ese momento entendió, que la maldad del ser humano era inconmensurable. Y así, sin más, ese día dejó de existir. Ese día el viento resopló, furioso y triste...Todos se enteraron del cruel destino de su fiel amigo.

Al día siguiente, en el jardín de una casa cerca de la ciudad, los padres de una niña de ocho años la ayudaban a plantar el pequeño brote de un árbol. Ese día, el ciprés, que hacía poco había sido octogenario, volvía en el cuerpo de un joven y vigoroso árbol, para vivir una vida más. Ese día fue él, quien contó una hermosa historia a su amigo el viento.

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