Capítulo 1 - El Comienzo De Todo.

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LUÍS

Otro día más de mi solitaria, ordinaria y aburrida vida. Me levanté como todos los domingos, a las 11:30 a.m. No es que sea un vago dormilón... bueno, sí lo soy, pero estaba de vacaciones de verano y esta era la última antes de terminar la secundaria. Además, no salía; en ese momento no tenía amigos.

Si fuera por mí, pasaría todo el día encerrado en mi habitación, pero mi madre, sí, mi bella madre, quería que me levantara temprano para comprar algunas cosas que necesitaba para la escuela al día siguiente.

Ramona: –¡Luís, hijo! ¿Estás despierto? –preguntó desde la puerta.

Luís: –Sí, madre, incluso ya me bañé –respondí mientras salía del baño.

Ramona: –¡Wow, hijo! Qué hermoso está tu cuarto –dijo con cara de asombro.

Luís: –Madre, en serio –le respondí con aire engreído–. Sabes que siempre me ha gustado tener todo limpio y en orden.

Ramona: –Eso lo sé, hijo, pero estoy sorprendida por lo bien que lo decoraste esta vez. Ahora, muévete para salir de este "compromiso" rápido y regresar a tu "Baticueva".

Luís: –¡Pero, Ma! –le dije mirándola fijamente–. ¿Por qué dices eso?

Ramona: –En serio, hijo –respondió con mirada engreída–. Ya sé de quién sacaste esa costumbre. Primero, ¿quién no querría salir de su cuarto porque "no tiene amigos" y se comporta como Batman? Parece que aspiras a ser un ermitaño...

Luís: –¡Ya entendí, madre! –la interrumpí–. Sal del cuarto, que me voy a poner ropa.

Ramona: –¿De qué te avergüenzas, hijo, si ya he visto todo?

Luís: –¡Mami! –grité casi riendo–. No hay forma contigo.

Mi madre salió de la habitación con mirada pícara. Eso solo me hizo reír más. La relación con mis padres era maravillosa: nunca les mentía y teníamos mucha confianza. Con mi padre también me llevaba genial, y aunque decían que los preocupaba que no tuviera amigos ni novia, yo los amaba tal como eran.

Me vestí con una camisa negra lisa, jeans cortos y mis tradicionales botas Timberland.

Bajé corriendo las escaleras, como siempre, y me topé con mi padre en el último escalón.

Jesús: –Hijo, ¿qué te he dicho de bajar las escaleras así? ¡Y más con esas botas que pesan un montón!

Luís: –¡Buenos días, Pa! –respondí rápido–. Sí, lo sé, pero vamos un poco retrasados. Perdóname –dije poniendo la cara del "Gato con botas".

Jesús: –Está bien, hijo. Ve, tu madre te espera en el coche.

Luís: –¡Gracias, Pa!

Le di un beso en la mejilla y me dirigí al coche donde estaba Ramona.

De camino al centro comercial

Subimos al coche y pusimos rumbo al centro comercial más grande de la ciudad, el lugar donde, según Ramona, encontraríamos "todo lo necesario". Durante el trayecto, mientras conducía, encendí la radio para escuchar música y distraerme un poco.

Al llegar, dimos vueltas comprando pantalones, camisetas, camisas, mochila y otras cosas que probablemente no usaría este último año escolar. Pero ver la sonrisa de mi madre valía la pena.

Después de comprar, fuimos a merendar algo en un McDonald's, porque no había comido nada en el día y ya eran las 5:00 p.m.

Ramona: –Hijo, ¿qué te gustaría comer? –preguntó sosteniendo el menú.

Luís: –¡Ma! Quiero una "Chicken Mac" con papas y refresco –respondí, con los ojos abiertos mirando el menú.

Fue entonces cuando conocí a la persona que cambiaría mi mundo: Ely.

Ely (la camarera): –Hola, queridos clientes, ¿en qué puedo servirles?

Me quedé mirando su rostro; era hermosa, con una sonrisa que me dejó sin palabras. Mi corazón empezó a latir más rápido y sentí un calor extraño recorriendo mi pecho. Ramona notó mi expresión.

Ramona: –Primero que todo, ¿podrías decirme tu nombre? –preguntó con sonrisa pícara–. Noté que mi hijo te estaba mirando como un bobo.

Ely: –Jajaja, no hay problema. Me llamo Elizabeth, pero mis amigos me dicen Ely.

Ramona: –Es un placer, Ely. Hijo, ¿cómo se dice?

Luís: –¿Qué? –dije sobresaltado.

Ramona: –Que te presentes como una persona normal –me dijo con mirada malvada.

Luís: –¡Ah!, está bien, madre –me levanté a saludarla con manos sudorosas–. Hola, mi nombre es... Luís.

Ely: –Es un placer, Luís –dijo con otra sonrisa encantadora que me hizo sonrojar.

Ramona: –Jajaja, hijo, ¿qué te sucede? –susurró divertida mientras me entregaba el menú.

Comimos y luego regresamos a casa. No volví a ver a Ely ese día, pero no podía dejar de pensar en ella. Su sonrisa seguía grabada en mi mente, y mi corazón... bueno, ese seguía latiendo demasiado rápido cada vez que recordaba su rostro.

"Sólo como amigos... o eso creía"Bağımlısı olacağınız hikayeler. Şimdi keşfedin