La noche brindaba oportunidades muy buenas para la magia, una peculiar luna azul de desplegaba imponente en el cielo nocturno, las estrellas se alineaban en la posición perfecta, una nueva vida nacería.
Durand, un científico ligado a la magia, estaba experimentando con poderes rúnicos, era su forma de sacarse la ansiedad. Su mujer iba a dar a luz a su primogénito muy pronto y necesitaba un regalo para la llegada de su nuevo compañero.
- ¡Una gárgola!, un fiel protector para mi hijo, además es nuestro emblema familiar, pero debe ser pequeña, del tamaño de un jarrón. – Se decía a sí mismo.
Durand era el encargado de crear sirvientes de magia a la semejanza del dueño, combinaba sus robots para crear un esqueleto sólido que resista cualquier tarea y la magia rúnica para crearles una conciencia y un alma.
Su pequeña gran creación fue una gárgola del tamaño de un florero, tenía la conciencia de un niño pequeño y crecería a la par que su hijo para éste nunca se sintiese solo.
La pacifica noche se rompió cual vaso de cristal al caer, la esposa del mago, Vyth, había entrado en parto y no todo iba como se debía. Los médicos de la ciudad estaban tratando de que la madre y la hija sobrevivan… Así es, una pequeña pretendiente luchaba por su vida desde su primer aliento.
Lamentablemente Vyth no sobrevivió a la noche y Durand cayó en una terrible depresión, culpando a su hija la cual no había nombrado por ira y había dejado a unos vecinos del pueblo por resentimiento. Lo único que podía hacer era volverá a su torre y destruir con rencor todo lo que le recordara a ella, él deseaba un hijo con el que poder compartir gustos y que siga el linaje de su familia, la magia rúnica, y lo que consiguió fue una hija que debería ser criada por su madre, la cual ya no se encontraba con ellos, para servirle a un amo o un alto señor de la guerra.
Entre la furia de la noche, Durand, decidió inmortalizar a Vyth en una gárgola tamaño humano, le daría el alma de su esposa y podría volver a sentir su presencia nuevamente para así poder darle paz a su pobre alma atormentada.
Luego de tres días de arduo trabajo, lo consiguió, una esbelta gárgola de finos rasgos como su amada, con su mirada perdida en la nada, era solo un recipiente de piedra sin alma con grandes alas, con las cuales podría desplegarse en el cielo. Él buscó en su libro de bocetos una imagen que realce la personalidad de su difunta mujer… se detuvo en los recuerdos donde la conoció, en aquel baile de primavera, al ritmo de un vals tan delicado como el mismo recuerdo.
Luego de encontrar el retrato perfecto, depositó la gárgola en el centro de una sala, para que los hechizos rúnicos funcionen necesitaba polvo de ninfas del agua, tierra del desierto de los Páramos Olvidados, una flor de ceniza y un suspiro de recuerdo, el más puro. El polvo de ninfa era un artículo común de las tiendas de magia de la ciudad, la tierra de los Páramos Olvidados era muy difícil de exportar por la lejanía del lugar, las flores de ceniza solo nacen en las bocas de volcanes y deben ser encerradas en frascos de porcelana para que no se conviertan en polvo al salir del volcán, y por último, el suspiro de recuerdo tenía que ser el cómo Durand recuerde a su amada, ya que sería la personalidad del ser.
Colocó todos los artículos alrededor de la gárgola, y se dirigió escaleras abajo, el ritual nomas necesitaba que esas cosas lo rodeen. Se detuvo en la entrada principal y observó su reflejo frente a un espejo, su cabello se había vuelto blanco con el paso de los años, su barba comenzaba a crecer y su calva se dejaba brillar, tenía una túnica blanca muy sucia la cual llevaba puesta desde aquel día, una lagrima desembocaba de la cuenca de sus despedazados ojos marrones y su mirada rota se perdía en una caja tras él.
Un arca adormentada de símbolos rúnicos destacaba de la habitación, él recordaba que había dentro, la pequeña gárgola esperaba a su amo… Durand vuelve a la realidad en un flash de imágenes que inunda su mente con algo de cordura, la cual le hace pensar en que dejó a su hija con unos sujetos que no merecían tenerla en sus brazos, así que sin dudarlo, salió a la calle y corrió a buscar a su más preciado tesoro.
La gente pidiendo disculpas por su pérdida molestaban su objetividad, cuando llegó a la casa entro directamente y buscó a su hija sin nombre, y allí yacía… durmiendo plácidamente cual gota de roció en un hoja al amanecer.
- ¿Cómo esta ella? – Preguntó exhausto - Perdón por darles tal responsabilidad, pero necesitaba estar solo, no fue fácil.- Dijo avergonzado.
-Ella está bien, la alimentamos con leche de CuernoFantes de CuñaInvierno y se durmió –Respondió el hombre.
Durand con un gesto de agradecimiento tomó a su hija y la llevó pacientemente a su hogar. Dentro la despertó y abrió ansiosamente la caja. La gárgola cobró vida y se acercó a su embelesada dueña.
La criatura entre retorcijones dejo de vivir, parecía una falla en el sistema. La niña sin razón alguna sintió la necesidad de tocar el cadáver de la estatua y entre destellos y luces la gárgola abrió ojos, desde ese momento la magia rúnica inundó la mente de la mascota de la niña y le dio una consciencia propia.
Durand miraba lo ocurrido con los ojos iluminados, no podía creerlo, su hija tenía poderes rúnicos, podría cumplir su sueño de seguir el linaje después de todo. Mientras observaba la vivida estatua, recordó que otra de ellas se encontraba arriba, y subió impaciente a la cima de su torre.
La gárgola esperaba sus órdenes, el alma de su esposa se encontraba dentro de la estatua de mármol. Durand se tomó un tiempo en si de verdad quería que su esposa estuviese en un cuerpo frío y, aunque tenga vida, sentirse muerta eternamente. Con mucha amargura, la liberó rompiendo la foto de su esposa, y la gárgola solo era un robot más del inventor. Su objetivo era defender a la familia sea cual sea el costo.
Durand debía ponerle un nombre a su hija y futura heredera de todo lo que lo rodea, debía ser un nombre el cual quede bien en los libros de magia rúnica, debía ser Ayll.
CITEȘTI
Ayll Durand: El legado de los Titanes.
Fantezie"Ayll Durand: El legado de los Titanes" cuenta la historia de cinco magas también llamadas Titanes, de las que cuatro de ellas poseen poderes de los elementos, la otra es la descendiente de un Dios creador del universo. La historia avanza desde su...
