Bienvenido a Aita Manni

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Rompiendo cadenas

Aita Manni, un hogar con más de 100 años de antigüedad ubicada al norte de la capital Española, su interior alberga a más de 50 niños entre los seis y dieciocho años, cada uno de ellos fue recogido de las calles por las instituciones encargadas de la protección a los menores, las historias que los llevaron son tan diversas que es su modo de divertirse por las noches, después de todo, es su único modo de volver a ser quienes alguna vez fueron.

Daniel Sagarra, un joven alfa de diecisiete años de edad fue el último en ingresar a la institución, sus padres murieron en un accidente y ningún familiar quiso tomar la custodia de un adolescente caprichoso, había tenido que ser sedado para poder llevarlo al que desde ese día debería llamar hogar, cuando el medicamento comenzó a perder efecto sus ojos se abrieron lentamente enfrentándose cara a cara con un techo pulcramente blanco, la luz le cegó momentáneamente y por esa razón una especie de gruñido salió de su boca.

− ¿Dónde estoy? − una vez que pudo ponerse en pie se dedicó a investigar el lugar al que estaba confinado, demasiado sencillo para su casa, y bastante lujoso para una celda.

− ¡Por fin despiertas!, parecías un cadáver cuando te trajeron aquí – por la puerta iba ingresando un pequeño niño, el collar que adornaba su blanco cuello era la señal de que se trataba de un omega, los ojos del joven le escanearon de arriba abajo y un leve olor a dulce se coló por sus fosas nasales.

− El cadáver vas a ser tú sí no me dices donde es "aquí" – el pequeño ni se inmuto y la sonrisa que tenía cada vez parecía más terrorífica, y acompañado de sus ojos apagados podría protagonizar la pesadilla de alguien.

El infante dejó una bandeja de comida en el suelo cercano a la cama y se arrojó a esta como si se encontrara en su propia habitación, sus pies quedaron colgados y se movían animadamente a un ritmo que estaba sólo en su cabeza.

− Estas en casa, o bueno, es el modo en el que nos hacen llamar a la residencia, aunque una vez te acostumbras no es tan malo...el doctor es muy amable, hay comida deliciosa y muchos niños con quien jugar, además no nos juzgan, quizá en el fondo y si es un hogar

− ¿Qué clase de broma es esta?, yo tengo una casa y está a kilómetros de este lugar, esto parece un loquero.

− Eres bastante curioso, pero no te preocupes, en este lugar nadie habla mal de los otros, mi nombre es Adam y ahora que pareces más cuerdo quizá podamos ir a la sala común con los demás, tendrás que aprender a moverte por la zona es bastante grande y puedes perderte.

Tal y como Adam había dicho, con salir de la habitación te podías encontrar con un laberinto de pasillos y varias puertas ambos lados del corredor, las luces del lugar no parpadeaban como en una película de terror y tampoco olía a humedad o algo similar.

− Espero que no seas alérgico al incienso, la mayoría de los que estamos aquí somos omegas, hace ya unos meses estuvo un alfa en la etapa adolescente y el doctor decidió poner estos productos aromáticos con el propósito de confundir su olfato, aun cuando se fue a nosotros nos gusta el olor, así que continuamos usándolos.

El salón principal en sus mejores épocas era donde se llevaban a cabo bailes con la elite más grande del lugar, mujeres con sus largos vestidos y hombres con sombreros más grandes que sus cabezas, sin embargo ahora estaba decorado con unos cuantos dibujos, en el centro había varias mesas con horribles manteles amarillos, hojas y colores por todos lados.

− Entonces, ¿supones que me voy a sentar ahí a pintar contigo y todos esos mocosos? – Daniel había contenido una sonrisa burlona, en la habitación sólo podía ver a unos niños que aparentaban menos edad de la que sus cuerpos mostraban, era como si hubiera regresado al preescolar.

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⏰ Last updated: Jan 09 ⏰

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