Adiós

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Despedir a alguien amado era una de esas cosas a las que ya debería estar acostumbrada, pero nada más lejos de la realidad.

Lo había perdido y, con él, todas mis esperanzas de un futuro propio.

Decirle adiós no hubiera sido fácil de ninguna de las maneras, pero me estaba resultando más complicado con Kolyat aquí. Su simple estampa agitaba mi entereza, recordándome aún más la presencia de quien ya no se hallaba entre nosotros.

No pude negarme a ofrecer mi recién adquirida propiedad como lugar de ceremonia, ¿dónde si no se le honraría? Thane no tenía hogar, no tenía apenas familia, no tenía nada salvo, quizás, un hijo rebelde y... y a mí.

"Tu-fira. Perdido en otro"...

Así, de esa forma tan trágica y sádica, fue como describió sus sentimientos por mí.

¿Que si yo me sentía igual? Maldita sea, ¡Claro que sí!

Golpeé el monitor de mi habitación con rabia y caí de rodillas al suelo, abandonándome al incesante flujo de emociones que corrían violentamente por mi corazón, reventándolo en miles de insalvables pedazos que nunca me molestaría en recoger porque ¿Qué clase de vida tendría sin él a mi lado? Seguramente una que jamás querría descubrir.

El eco de su suave voz aún reverberaba en mis oídos y apreté fuertemente la mandíbula para evitar sollozar.

Yo era más que aquel ser lamentable, era más fuerte que todo ello, me decía... pero al mismo tiempo, sabía que su marcha me superaría.

Su maldita despedida laceraba profundamente mi alma, como quien retuerce la soga que lleva al cuello hasta que ésta rasga la sensible piel.

"Has hecho que mi vida sea mejor, me has dado a ti, a Kolyat, hasta el Relé Omega 4 me hizo sentir útil. Estamos vivos, siha, y cuando no lo estemos, te encontraré al otro lado del mar."

Al otro lado del mar...

¿Hay un mar allá adonde va? ¿Acaso es aquello consuelo para el vacío que deja?

—¡Al demonio el mar! ¡Te necesito aquí! —grité, mientras cedía al dolor y rompía en incontrolable llanto.

Dejé caer mi frente sobre el suelo esperando que, en un bendito golpe de suerte, aquello acabase con la agonía. Mis uñas se incrustaron dolorosamente en la palma de mis manos hasta que de ellas brotó sangre, una similar a la que se había derramado por su vientre cuando no fui lo suficientemente rápida para salvarle.

Deseaba que aquello fuera un mal sueño, una pesadilla de la que despertaría en breve, pero el dolor en mis manos y el líquido caliente que corría por ellas, confirmaba que todo era real; una cruel e injusta realidad.

Dicen que la negación es la primera etapa del duelo. ¿Que quiénes lo dicen? Pues quienes no me conocen, claro está. Expertos fantoches que creen que, a estas alturas del siglo, los humanos seguimos gobernados por las mismas teorías psicológicas que hace decenas de décadas.

Lo mío era la ira y sólo la ira. Parecía más natural, fluía con más facilidad por mi cuerpo y reventaba en un estallido de sensaciones que, muchas veces, afectaba mi control sobre mi biótica, facilitando así la liberación de cualquier carga emocional que me lastrase.

No. La negación no era para mí. Nunca lo había sido. Asimilaba rápidamente la situación y planificaba el enfoque idóneo para solventar el conflicto. No sabría decir si aquello era una consecuencia de vivir en las calles terrestres y buscarme el pan como podía incluso a costa de mi propia vida, o una de las razones por las cuales había terminado allí prácticamente sola, pero era innato en mí... o eso creía hasta ahora.

Tu-Fira: Perdido en OtroStories to obsess over. Discover now