El viaje
Quiero emprender un viaje, dije pensando bien el destino, antes de decidirme siquiera a partir... Una vez que la decisión estuvo tomada cargué mi mochila solo con lo indispensable, esta vez sería diferente y no se parecía en nada a lo que había hecho antes. Estaba algo ansioso y emocionado, y mentiría si dijera que no tenía miedo, porque no sabía que pasaría en el camino, o si sería la misma persona una vez que volviera. Intenté dejar las preocupaciones a un lado. Cerré los ojos y comencé a meditar.
El bus
Me subí al bus, como cada tarde después del trabajo, la rutina de siempre, que para entonces en nada cambiaba. Como de costumbre me dirigí al final de la máquina y me senté en aquel puesto que siempre se encontraba vacío. Esperé a que el conductor iniciara su ruta, en general era de los primeros en subir. Pasamos por la calle principal de la ciudad, el barrio comercial, y luego cerca de los residenciales, faltaban unos pocos segundos para llegar donde quería. Una vez en la estación número once, miré el asiento vacío de al lado y apareciste tú...
¿Quién es?
No era la primera vez que esa misma persona me seguía luego de salir de la panadería del señor Genaro, pero ésta vez me sentí más inquieta, así que apresuré la marcha para poder tomar tan pronto como pudiera un taxi. Al voltear con disimulo, pude notar que el persecutor también se apuraba, y sus pasos se hacían más largos y la distancia entre nosotros más corta. Tomé una esquina, doblé en la siguiente, y me di cuenta que no me equivocaba, alcé la voz pidiendo un taxi, pero él apareció de golpe frente a mí.
Su nuevo amigo
Con toda cautela seguí a mi hija que se dirigía concentradísima a su habitación, ignorando toda palabra que le dirigiera llamando su atención. Sus pasos eran pausados, no había nada de extraño, salvo que su cabeza miraba en dirección al suelo. Una vez frente a la puerta entró y cerró tras de sí, sin saber el porqué, sí, apegué mi oído a la puerta para poder entender, cuando pude oír dos voces, la de ella, y la otra... no sé de quién. Abrí de un golpe y lo vi, una criatura oscura y corrosiva de ojos carmesí susurrándole al oído.
Hijo mío
Mientras bajaba la escalera sentí que algo me miraba desde el piso superior, me volví sobre mi espalda para despejar las dudas, recordando que no había nadie más en casa, la sombra que se escondió velozmente me hizo pensar... ¿Un ladrón había entrado? Con la adrenalina corriendo por mi cuerpo volví sobre mis pasos y tiré abajo las puertas de cada habitación, sin encontrar al intruso. Al llegar a la última, que era de mi hijo, lo vi a él jugando con sus juguetes antiguos y sonriéndome dijo "estoy bien mamá". Él falleció el año pasado, en un accidente automovilístico.
p>7
YOU ARE READING
Microrrelatos en 100 palabras
Short StoryAquí podran leer algunos de los microrrelatos creados en un máximo de 100 palarbas.
