Único

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Salió azotando la puerta de su casa, sin querer ver a nadie, sin querer saber nadie... queriendo únicamente estar solo.

HoSeok sacó las llaves de su camioneta del bolsillo y emprendió su viaje a Busan, esperando con ancias encontrarse con Nam y que le dijera lo mucho que valía, que debía pensar en él, en dejar de poner primero a los demás y evitar que lo pisen más y más.

Y estaba consciente de que con ello ocurriría lo mismo de las últimas dos veces:

Dos semanas alejado del mundo, se relaja, reflexiona, se inspira y el ciclo se repite.

Siempre se arruina...

Jamás pensó en él, siempre fueron primero su familia, YoonGi, amigos, ¡desconocidxs incluso!

No terminó bien... justo salía de pelear con su hermana y madre, mientras su padre había estado detrás de él, únicamente con la mirada baja y sin decir nada.

¿Es que no podían aceptar sus gustos?, ¿no se daban cuenta de qué tan estresado estaba ya?, ¿cuántas cosas tiene guardadas y no las dice?

Pero debía dar una buena imagen, claro, porque él era INCAPAZ de faltar el respeto, ofender o resongar.

No, no, no, no estaba bien, era un chico educado.

Claro...

Si supieran cuantas veces gritó, lloró, suspiró y arrepintió... pero en su mente, su imaginación, en su esperanza de que las cosas cambiaran a su favor.

"Comportate y saluda bien", "da los buenos días, Hobi", "¡no me dijiste nada! ¿a caso me llamas mentirosa?" "Sonríe, anda..."

Su infancia, la voz de su madre resonaba mientras manejaba. Recuerdos de su niñez y pubertad regresaban uno a uno.

Se paró en una pequeña tienda, llena de botanas y bebidas refrigeradas. Relajó sus hombros y se sentó un rato en las bancas fuera de la tienda, tomó el celular y marcó a su amigo para asegurar su llegada a sus aposentos y desahogarse en él, mojar su hombro, camisa e incluso el sillón... el mismo que no quedaba manchado únicamente de lágrimas.

A pesar de todo lo que sucedía inconsciente en un pequeño rato, disfrutaba de quedarse con él, de ver la tele durante el atardecer, preparar la cena y ver sus hoyuelos marcados al sonreír. Le encanta ser mimado por él, que le preste atención y le diga todo lo que vale, todo lo que importa, y cuanto lo quiere.

Que tomara sus mejillas y le llenara de besos, le abrazara como si un mañana no hubiera, le adorara con todo su corazón y de nuevo, mencionara cuanto lo quiere y aprecia.

Incluso una noche, cambió la palabra por una que solo escuchaba de YoonGi, y que no escuchaba hace un tiempo ya.

No lo aceptaba, como aquel hombre con hoyuelos captaba su atención. Su piel morena le encantaba, le emocionaba, y verlo le hacia sentir extraño, pero cómodo.

Las cosas jamás cambiaron, no permitían perder su amistad ni a su respectiva pareja. Pero cada vez aquellos encuentros eran más frecuentes y cada vez estaban más llenos de sentimientos, de deseos, de esperanzas de una vida en la que solo estarían ellos dos.

NamJoon le repetía siempre cuanto le quería, lo que haría por él, de todo lo que era capaz mientras Hobi fuera feliz.

Hace un tiempo ya que YoonGi no le prestaba atención... pensaba que era lo más cliché del mundo, que le engañaba, pero nunca encontró pruebas de ello, ninguna. Después pensó que era el trabajo que era cada vez más y más pesado, pero YoonGi no lo dejaría solo por eso.

¿Podemos dormir un ratito, Joonie? Histórias para pegar e não largar. Descubra agora