Son las ocho de la mañana, algo temprano para Raley quien siempre acostumbra a levantarse de su cama un poco más tarde. Estaba pensativa, de nuevo entraba a la universidad y seriamente no sabia como había pasado el semestre anterior, era ese tipo de chica rebelde, en contra de las reglas, que siempre llevaba la contraria y se salía con la suya; no solía hacer nada en clase, siquiera prestaba atención a la explicación que daba el profesor y aún así lograba pasar el semestre así fuese a medias.
Quedaban solo dos horas para volver a pisar ese lugar plagado de responsabilidades así que decidió levantarse de su desordenada cama y caminar por su habitación con una toalla en sus hombros, no tardó mucho en el baño, simplemente peinaba su largo y rubio cabello con unos que otros mechones morados y salía del baño sin demora alguna.
Nancy cocinaba unos deliciosos pancakes con frutillas sobre él y algo de jarabe; después de ponerlos en un plato y servir jugo de naranja en el vaso favorito de Raley se dirigió a la puerta con un bolso de cuero negro en la mano y las llaves del auto en la otra.
—Tu desayuno quedo en la mesa, te amo, nos vemos.— Nancy salió de la casa y se dirigió a su auto, lo encendió para después desaparecer por la carretera. Nancy es una muy buena empresaria, siempre velando por el bienestar de Raley pero a pesar de ello su madre no tenía ni idea lo que pasaba verdaderamente con ella, los problemas que tenía en la universidad o las fiestas a las que prefería ir en vez de estudiar para sus exámenes finales ya que Nancy o Nan como le decía su abuela vivía demasiado ocupada en su trabajo como para enfocarse en esos "problemas menores" como Nan los llamaba.
Raley suspiró después de escuchar el auto alejarse y después de empacar las cosas necesarias en su mochila salió de su habitación y bajo las escaleras, miro el reloj, devoró el desayuno para después dirigirse a la puerta, su teléfono comenzó a sonar en su bolsillo pero no le presto importancia. Tomo un taxi para dirigirse a la universidad, bajo de él y sin ganas se dirigió a su salón.
—Buenos días, espero hayan descansado excelente estas vacaciones porque este semestre será más duro que el anterior.— La profesora Ferrer desbordaba de emoción, Raley le dedicó una mala mirada y se sentó en los asientos de atrás al lado de la ventana como todos los años.
El salón estaba completamente lleno y la clase comenzó, la pizarra ahora estaba llena de números mientras que la señorita Ferrer los complementaba con su explicación, Raley no dejaba de garabatear la parte de atrás de su cuaderno sumida totalmente es sus pensamientos.
—E..eh, siento haber llegado tarde, señorita... ¿Ferrer?— Una suave pero agitada voz interrumpió las explicaciones de la profesora Ferrer, Raley presto atención a aquella voz. —Oh, usted debe ser Ally Andersen.— Ferrer detuvo la explicación para prestar su atención en la chica. —Si, soy ella, perdón por haber llegado tarde, tuve algunos percances.— soltó y de nuevo su voz captó la atención de Raley. —No se preocupe, tome asiento y adelántese a la clase.— Raley levantó levemente la mirada y el único asiento disponible era diagonal suyo, ciertamente iba a hacer una de esas chicas antipáticas, egoístas que podían llegar cuando quisieran a clase, sus ojos se giraron a manera de fastidio y dirigió de nuevo la mirada al asiento vacío, nunca había escuchado tal voz y tampoco ese nombre, antes de volver a sus garabatos la misteriosa chica se había sentado en el asiento. Para su sorpresa era sencilla, su cabello era corto de color negro, su piel blanca, no había alcanzado a ver su rostro, algo que llamó su atención era una tobillera que llevaba en su tobillo derecho, dorada y con muchas figuras pequeñas colgando.
Nunca había visto a aquella chica.
¿Quién demonios es ella?
Pensó.
