Era primero de enero en la madrugada. El cielo oscuro y despejado acompañaba la noche de festejos por Año Nuevo. La llegada del nuevo año ponía a todos de buen humor, como si tuvieran la esperanza de que algo bueno fuera a ocurrir. Esa esperanza que aparece a fines de diciembre de cada año cuando la gente está cansada y quiere que todo termine de una vez. Pero la mente de Julieta seguía en diciembre, preguntándose por qué su vida no terminó ahí. Ella no quería festejar, solo quería dormir.
La joven observaba el cielo mientras escuchaba el griterío de fondo. Su familia bailaba mientras tomaba unos tragos y se divertía, celebrando la vida. Ella simplemente era una observadora; no lograba sentir esa vibra positiva. No podía, no se sentía feliz. Solo quería volver el tiempo atrás y apretar la navaja más fuerte.
—Julieta, es Año Nuevo. Podrías socializar un poco, ¿no crees? —sus pensamientos fueron interrumpidos por su prima, Liz. Una joven fotógrafa de 28 años, cabello castaño, ojos verdes y un cuerpo escultural. A los ojos de Julieta, lo más parecido a una diosa griega.
—Para socializar uso Instagram o algo de eso —respondió sonriente.
"No veo a mi familia en todo el año, y solo aparecen en las fiestas para comer lo que una hace con esfuerzo y amor", pensó.
—Julieta, solo inténtalo. La tía Estela en cualquier momento se va, ya viste lo mucho que tomó el tío Raúl, no resistirá mucho. Los nenes tienen sueño, en cualquier momento se van a ir. Y vendrán mis amigos; ahí sí que no tenés obligación de ser sociable —respondió la mayor, un tanto burlona.
Julieta simplemente puso los ojos en blanco, sin agregar palabra alguna. Su mirada se volvió a perder en las estrellas.
Los tíos se acercaban a ella para despedirse, deseándole un gran año. Julieta respondía amablemente, pero no demasiado. Observaba cómo su casa iba quedando en silencio; la calma se adueñaba del lugar, pero no de su mente.
A lo lejos se escuchaba el sonido del agua chocando contra el muelle. Vivir cerca de la playa era una de las cosas que más disfrutaba. Solía ir con sus amigas los fines de semana de primavera; llevaban una manta con unas provisiones y pasaban horas sentadas frente al mar, charlando de la vida. En esos momentos, Julieta se sentía feliz, hasta que caía la noche y había que volver a casa, a la soledad de su cuarto. Ahí la calma de su mente desaparecía, dando lugar a los fantasmas que la atormentaban.
Sonó el timbre, irrumpiendo la calma del hogar y los oídos de Julieta.
—Esa es la alarma que debemos irnos, ¿no te parece? —comentó Juan, el padre de Julieta, mirando a Rosy, su hermana mayor y madre de Liz.
—¿Piensan dejarme acá? No conozco a nadie —susurró Julieta tímidamente.
—No es que queramos, simplemente... a donde vamos no podés venir. Vamos a divertirnos como adultos con adultos —respondió Rosy entre risas.
—¿No están grandes para divertirse? Principalmente vos, mamá. La crisis de los 45 te pegó muy fuerte —comentó Liz, levantando una ceja.
—¿Y no creés que sos lo suficientemente grande como para vivir sola? Digo, tenés 28 años, hija —le respondió sonriente.
—Si me mudo, llorarías durante semanas. No podrías estar sin mí —contestó Liz.
—¿Quieren dejar de discutir? Rosy, vamos. Liz, abrí la puerta, tus amigos te están esperando. Pórtense bien, poco alcohol, no a las drogas y usen protección —interrumpió Juan.
—Claro que sí, pa, sobre todo lo último —respondió Julieta un tanto burlona.
—Lo tendré muy en cuenta, tío. Diviértanse, cuidaré muy bien de Julieta.
Liz abrió la puerta y Julieta disimuladamente observó quiénes entraron. Los amigos de siempre, nada nuevo. El celular de Julieta no paraba de vibrar. Tenía quince mensajes de Samantha, su mejor amiga, deseándole feliz Año Nuevo. Le había mandado unas fotos hermosas del lugar en el que estaba vacacionando. La nostalgia invadía a Julieta, quien extrañaba más que nunca a su mejor amiga.
"Ojalá ella estuviera aquí, quizás no me sentiría tan sola", pensó.
La noche transcurría. El cielo totalmente despejado permitía admirar las estrellas, tan lejanas y pequeñas. De a ratos se podía percibir una ligera brisa proveniente del mar. Por un instante, a Julieta la invadían la esperanza y la buena energía, y comenzaba a creer que quizás sería un buen año, en el cual podría olvidarse de todo lo malo del pasado y seguir con su vida como si nada hubiera pasado, creyendo que su adolescencia fue normal y divertida, sin problemas.
El solo pensar eso le sacaba una sonrisa, una sonrisa que se borraba al recordar que no era así. Porque todos veían a Julieta como una bella joven de 18 años, alta y flaca, de pelo castaño claro y largo, unos ojos color avellana y una sonrisa dulce y casi angelical. Talentosa, educada, responsable y buena hija. Pero ellos no sabían nada de su vida. Pensaban que tener una buena caja significaba que el producto que se encontraba en su interior era bueno, pero no era así. Un paquete dorado no implicaba que adentro hubiera oro.
El celular volvió a vibrar: era Francisco, su mejor amigo. Julieta suponía que le había mandado un feliz Año Nuevo, pero los mensajes eran un tanto diferentes a lo que ella esperaba.
"¿Tenés un lugar en tu casa para alojarme?"
Un tanto divertida, le contestó qué ocurría, pero el chico no le respondió más. Quizás estaba muy ocupado festejando. O no.
Francisco era su mejor amigo desde los 13 años, cuando los profesores los sentaron juntos en el aula. Desde ahí nunca más se separaron. Era el menor de tres hermanos, con los que se llevaba siete y nueve años respectivamente, por eso no era muy apegado a ellos.
Alex, el mayor, era psicólogo. Tenía pareja desde hacía siete años, con la cual tenía un hijo de cinco años. Julieta sabía todo esto ya que la novia de Alex, Lola, era la mejor amiga de su prima.
Del otro hermano sabía que se había ido a vivir a Estados Unidos y no mucho más; ni siquiera recordaba el nombre. Francisco nunca hablaba de él. Y Julieta jamás quiso preguntar por él; algo le decía que no era buena idea.
—¡JULIETA! Hace una hora que te estoy hablando, ¿en qué te quedaste pensando? —Liz la sacó de su nebulosa.
—En nada realmente, solo quiero dormir.
YOU ARE READING
Inocencia interrumpida
RomanceUn estudio de danza. Una joven bailarina con la mente destruida. Un joven profesor con un pasado que lo persigue. ¿Que pasará cuando descubran que tienen mucho mas en común que la pasión por el baile?
