No Hables Con Extraños

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Estoy parado en frente de este tipo, no deja de mirarme fijamente mientras dice cosas extrañas, cosas que no se las dirías a nadie o al menos cosas que de haberlas hecho, no deberías decirlas.

Esto parece un sueño, lo veo a través de un marco y la habitación poco iluminada a cada segundo se siente más oscura.

No hago más que sentirme incómodo con la forma en la que me mira, ojos vacíos, negros, penetrantes y fríos. Como si poco a poco rompieran las capas que protegen mi alma. No importa si cierro los ojos, el no deja mirar a través de mis parpados y tengo la misma sensación de que me está carcomiendo por dentro.

Había dejado de hablar por un instante, miró para ambos lados como si alguien más estuviera en la habitación, hizo unos gestos y sonidos con la boca. Se me acercó sonriente y me preguntó: ¡¿Sabes cómo las maté?!

En ese instante algo no me dejaba salir de ese lugar, no podía moverme y no podía hacer más que mirarle la cara y sentir como mi cuerpo entumecido estaba en frente de un asesino. Su cara seguía teniendo esa sonrisa enorme de oreja a oreja y podía notar como se regocijaba en mi terror, le causaba gracia, le causaba gusto y hasta juraría que le causaba placer.

Se incorporó de nuevo y me dijo – Matar a la mayor no fue tan difícil, a penas tenia fuerzas para defenderse pero su cara de miedo, dolor y agonía fueron exquisitos en verdad. Para acabar con ella solo hicieron falta unos cuantos cortes en el cuello, se ahogó en su propia sangre y debido a su avanzada edad murió rápidamente. – se detuvo a verme detenidamente a los ojos y podía sentir otra vez su mirada penetrante.

Sentí como mi corazón era estrujado y mi alma destrozada al escuchar tan aterradora historia. Pero él no se detuvo y continuó describiendo su siguiente acto seguido de una sonrisa enorme y una cara que cambiaba a cada minuto – La segunda fue algo difícil de matar pues no paraba de correr y hasta casi logra abrir la puerta y escapar pero por suerte logré detenerla, tuve que romperle las piernas para que no siguiera corriendo pues ya era algo molesto tener que perseguirla de aquí para allá, tu entiendes, no voy a negar que si la torture un poco, pisé sus piernas, la golpee un rato y tal vez lo haya roto unos dedos, o tal vez toda la mano pues gran diferencia no hace. Sus gritos fueron difíciles pues creo que ella notó que me gustaba hacerlas gritar, pero al final con un poco de esfuerzo lo hice hasta que ella estaba tan cansada que dejó de hacerlo y pues, me aburrí de intentar en vano así que golpee sus brazos repetidamente hice un pequeño pero preciso corte en el cuello y luego clavé un cuchillo en su pecho. Si no moría de hemorragia interna por los golpes en los brazos tendría que morir por el corte en el cuello y de no ser así, si retiraba el cuchillo de su pecho pues eso haría el resto de mi trabajo. Si, se había convertido en una noche de arte, placer y matanza. – para este punto yo sentía tantas nauseas que no dudé en vomitar mientras lo escuchaba, él se reía a carcajadas y yo sentía que mi voz se había ido no podía decirle nada o siquiera gritar para salir de ahí.

Noté que su camisa y sus manos estaban llenas de sangre, fue otro motivo para vomitar. Después de escuchar su risa desquiciada otra vez el solo continuó diciendo – Y la última pero no menos importante fue algo interesante pues ella quiso dar pelea, pero nada que un buen golpe en la garganta no arregle para poder calmarla, seguido de unos cortes profundos en las extremidades y en los tendones principales, sin olvidar los torniquetes para no acabar con la diversión tan temprano. No paraba de insultarme, gritar y retorcerse de dolor. Cada golpe era limpio al igual que sus gritos y el placer que me causaba era intenso y me recorría desde la punta de los pies hasta el último cabello en mi cabeza. – para cuando terminó de contarme esto su cara estaba manchada con la sangre que antes estaba en sus manos. Sentía la habitación más oscura, sentí su risa escarapelar mi piel, sentí sus ojos penetrar mi alma, sentí sus palabras correrla, sentí mi cuerpo entumecido, sentí mis labios secos, sentí mis voz desvanecida. Pero de repente tocaron a la puerta que estaba a mi izquierda y pude escuchar a mi madre del otro lado decir. – ¡Hijo! ¿Cuánto más piensas permanecer en el baño?....

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