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Tenía calor, maldito salón de clases a pesar de que las ventanas estaban abiertas el aire en el interior era muy caliente, estaba segura de que estaba sudando.
No podía prestar atención a los números en el pizarrón, recargue la cabeza contra el vidrio de la ventana y me gire un poco en mi lugar, dando pequeños golpecitos al cuaderno con el lápiz.

Desesperada por todo, afloje un poco la corbata del uniforme, odio esa corbata, respire y lo más rápido que me fue posible me hice una colita despeinada, mire hacia afuera, al lado de las canchas había árboles y un par de bancas, solo quería dos minutos en el exterior, sin dudarlo levante la mano, el profesor me vio, alzó una ceja y me hizo una señal con la cabeza.

-¿Puedo ir al baño?-el hombre asintió con la cabeza y continuo con la clase sin darme mucha atención, el simple hecho de sentir el aire fresco del exterior se sentía espectacular.

Di pasos lentos hasta el baño, me mire en el espejo, las mejillas rojas, cabellos sueltos, el nudo de la corbata mal hecho y para finalizar el sostén azul se notaba a través de la tela blanca de la blusa. No me veía para nada bien, pero ya era la ultima clase. Me acomode la camisa, arreglé la corbata y metí las manos en el chorro de agua fría del grifo, después me las puse en la nuca esperando que así el calor desapareciera, no pasó pero ya estaba más fresca.

Salí dando pasos cortos bajo los árboles, caminé al lado contrario del salón y llegue hasta el preciado banco.

Olía a pasto recién cortado y ahí no hacía calor, me recargue y cerré los ojos.

-¡Florencia!-grito alguien, abrí los ojos de golpe buscando con la vista a quien me llamaba, entonces la vi, era Jazmin, de mi clase de inglés, daba pasos rápidos hasta mi, caminando por el sol y con la corbata en mano-¿Que haces aca?-me preguntó cuando estaba a unos pasos de mi.

-La clase es aburrida, no entiendo nada y hace calor.-solté mirándola, ella sonrió y asintió-Tenes que usar la corbata, si el profesor te ve así te va a mandar a dirección.-dije y ella soltó aire sentándose justo a mi lado.

-Esta empapada en sudor, que asco.-sonreí al recordar que la mía también.

-Dale, solo quedan cuarenta minutos y salimos.-le quite la corbata de las manos y la enrede en su cuello sin cuidado alguno.

-Haceme el nudo, a mi siempre me queda mal.-pidió sin mirarme, me acerqué un poco más y me ladee un poco para mirarla de frente, arregle el cuello de su blusa y comencé a hacerle el nudo.

Después de unos segundos estaba listo, la ajuste un poco para que quedara apretada y me aleje para volver a recargarme en el banco, mire al frente apreciando las hojas de los árboles, demasiado distraída en mi misma como para notar que Jazmin se acercaba a mi.

De un segundo a otro ella tenía sus labios contra los mios. Mis labios no se movieron, me quede así, quieta y sorprendida. Ella no me gustaba, yo no era lesbiana, salía con un chico.
Ello no podía gustarme. Ahora Jazmin tenía un brazo enredado en mis hombros, sus labios se movieron un poco más buscando respuesta de mi parte. No la hubo, no la bese, no la toque, no me moví, no la rechace tampoco.

Se alejó con las mejillas rojas, los labios entreabiertos y seguramente avergonzada, mire al frente, apoye las manos en el banco y trague saliva, no sabía que hacer, ¿Que mierda fue eso? ¿Que tenía que hacer ahora?

La mire de reojo, me estaba viendo, su piel blanca me encantaba, siempre me había gustado su piel, pero nunca de esa forma. Un labial fucsia que marcaba perfectamente la curva de sus labios, muchas veces había compartido de ese labial, pero nunca de boca a boca. Y su cabello ondulado y colorado, yo lo había trenzado muchas veces pero en ese justo momento quería ponérselo tras la oreja.

No se que me paso, pero me gire, jale su corbata para atraerla a mi y la bese, la puta madre, esos labios sabían mejor que cualquier otros que hubiese probado antes. Enredó sus brazos en mi cuello, la acerque más hacia mi, la quería más cerca, la quería para mi.

Su lengua ya estaba dentro de mi boca, el calor regresaba a mi pero esta vez de una forma distinta.

Se separó, con los colmillos le di un pequeño estirón a su labio inferior. Dimos un respiro y de repente ya estábamos basándonos otra vez, tan desenfrenadas que me parecía irreal de que fuese yo.

Una de sus manos apretaba con fuerza mi cuello mientras la otra rasguñaba con ligereza mi espalda. Yo estaba tan desesperada como ella por más contacto, mi mano derecha jalaba su corbata para que no se alejara y la otra estaba en su cintura.

Yo no sentía mariposas en el estomago, más bien eran abejas asesinas, hasta la forma en la que su respiración chocaba con la mía, me fascinaba, ademas de aquel delicioso olor a frutas...

-¡Señoritas!-me aparte de ella de golpe regresando a la realidad al escuchar la voz del profesor.

Flozmin; one shotWhere stories live. Discover now