Correr, y seguir corriendo, era lo único en lo que podía pensar en ese momento. Mi corazón latía con una velocidad descontrolada, y podía sentir cómo mi cuerpo comenzaba a fallarme por toda la sangre que había perdido.
Por más que presionaba la herida, la sangre no dejaba de fluir entre mis dedos. Sentía cómo mis fuerzas se desvanecían, hasta que simplemente no pude más y caí desplomada sobre la fría carretera.
Recorrí el lugar con la mirada, pero no vi a nadie. Estaba completamente sola. Lo único que distinguí fue una pequeña luz a lo lejos, que se hacía cada vez más grande. Fue entonces cuando comprendí que era un auto que se dirigía directo hacia mí.
Intenté levantarme con todas mis fuerzas, pero mi cuerpo no respondió. Estaba demasiado débil. En ese preciso instante entendí que todo había terminado.
Cerré los ojos, esperando el impacto... pero nunca llegó.
En cambio, lo único que sentí fue el suelo vibrar bajo mí, mientras las llantas del vehículo chirriaban al frenar bruscamente.
Cuando por fin me atreví a abrir los ojos, la intensa luz del auto me cegó por un momento. Al acostumbrarme, distinguí la silueta de un joven que bajaba apresuradamente del vehículo y corría hacia mí.
—¡Oye! ¿Estás bien? —preguntó una voz masculina, notoriamente asustada.
Su mirada bajó hacia mi herida, y pude notar en su rostro una mezcla de asombro y preocupación.
Con sumo cuidado me tomó entre sus brazos y me subió al auto. Luego corrió hacia el asiento del conductor, encendió el motor y arrancó a toda velocidad.
—Tranquila, te llevaré al hospital —dijo con la intención de calmarme.
Yo solo me limité a observar las luces de la calle pasar rápidamente por la ventana.
—Trata de mantenerte consciente, ya casi llegamos.
Pero no estaba segura de poder hacerlo. Me sentía débil, los párpados me pesaban, y el dolor se hacía más agudo con cada latido. Sentía cómo la herida ardía, como si me quemara por dentro.
—Oye... ¿cuál es tu nombre? —preguntó de nuevo.
—Vi... Violetta —susurré apenas, pero él pareció escucharme.
—Respira, Violetta. Ya casi llegamos. Aguanta un poco más.
Con la poca fuerza que me quedaba, alcé la vista para observar su rostro, aunque la oscuridad me impedía distinguirlo con claridad.
—¿Cómo fue que terminaste así? —preguntó.
No respondí. No porque no quisiera, sino porque ni yo misma sabía la respuesta.
No entendía cómo mi vida se había arruinado en tan solo dos años.
Solo cerré los ojos, intentando recordar cómo había llegado a este punto.
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Melodias De Un Corazon Vengativo
De TodoA veces la vida puede ser injusta y, en medio de esa injusticia, puede empujarnos a cometer errores. Esta es la historia de Violetta, una joven cabeza de hogar que dedica su vida al cuidado de sus hermanas y su prima. Impulsada por el deseo profundo...
