Era un día frio, nublado, hermosamente tranquilo. Los copos de nieve caían suavemente siendo impulzados por el lijero y gélido aire. Cubriendo con una fina y blanquecína capa de escarcha todo contra lo que chocaban.
Un pequeño pueblo se vestía de blanco, sus fuentes comenzaba a contener cristales helados que reemplazaban el agua que antes corría en ellas. La poca gente que caminaba por las calles utilizaba abrigos y bufandas, caminaban de forma lenta, podía escuchar sus pasos, la suela de sus zapatos al chocar suavemente contra el suelo cubierto por una ligera capa de nieve.
En el aire empezaba a percibirse el aroma a madera de pino, me percate de que de las chimeneas de las casas escapaba humo, de casi todas las casa el humo salia de las chimeneas, exepto de una; una casa de buen aspecto, con un pequeño jardín bien cuidado (ahora tapizado por un manto blanco), puerta de madera barnizada; una casa de aspecto perfecto, pero en ella faltaba algo: Amor, esa esencia de amor familiar.Esa casa careciente, es mía, mi lugar de estancia, puesto que me resulta imposible llamrlo hogar.
Camino sobre el sendero de piedras que atravieza mi jardín, busco con mi mano las llaves que estan en uno de los bolsillos de mi chaqueta, mis dedos tocan algo aparentemente circular, son monedas, despues, logro sentir el frio metal de los dientes de una llave, la saco y la introdusco en el orificio de la cerradura, de doy vuelta y la puerta se abre. El interior de la casa era de decorado acojedor, mubles tapizados de un material que asimilaba la piel, color blanco con algunos mas de contrastes rojos, paredes de ladrillo en las cuales se encontraban repisas con adornos de estilo abstracto perfectamente acomodados, en el fondo de la habitacion principal se encontraba la chimenea; en ese ambiente acijedor yo aun podia percibir la ausencia del amor.
Baje el cierrede mi chaqueta para quitarmela, la dejé sobre el perchero y me dirigí a la chimenea, coloqué algunos troncos en ella y luego de eso la encendí, esperando que de esa forma se sintiera el calor que se siente en otras casas. Poco a poco el fuego comenzó a calentar el aire en mi casa, se sentía calor en el lugar, mas no en mi corazón. Subí las escaleras con direcciona mi cuarto, entré en mi habitación y saque de uno de los cajones de un mueble pequeño un paquete de fotografías y las lleve conmigo hasta la sala, dejandolas sobre del brazo del sillón, me dirijo a una pequeña repisa en la cual, inmovil y apagado se encuentra un pequeño radio de diseño antiguo, presiono el botón " encendido " y una melancolica e incluso cursi melodía inunda el lugar. Doy media vuelta y voy con dirección al sillón donde se encuentran las fotos.
Me siento y recargo mi espalda en el acolchonado mueble, alargo un poco mi brazo y tomo las imagenes impresas, empiezo a pasarlas una a una frente a mis ojos, los cuales empiezan a inundarse de gotas saladas. Detendo mis movimientos ante una de las fotografías, al verla, un punzante dolor aparece en mi pecho, es tan intenso que las lagrimas se agrupan en mis ojos callendo una tras otra sin poder detenerse, me cuesta rabajo respirar. En aquel retrato impreso, se encuentras cuatro personas. Detras, del lado derecho, se encuentra una mujer, de belleza sorprendente, alta, de cabellera rubia palida, un par de hermosos y grandes ojos azules, de sonriza amable y un poco cansada, su nariz era pequeña y respingada. Mi madre Elizabeth, era hermosa. A un lado de mi madre, se encuentra un hombre, considerablemente mas alto que ella, es un hombre joven, de cabello plateado (igual que el mío), sus ojos verde esmeralda resaltan en su seria pero amable cara, tiene un rostro frio, pero en el se encuentra una sonriza alegre y encantadora; Jhon, mi padre quien en vida fue fuerte y protector, ahora ya no estaba mas. En la parte inferior de la fotografía, se encuentran dos niños casi identicos. La unica forma de diferenciarlos en la fotografía eran los ojos: Los orbes azules en el rostro del menor, que en su rotro se encontraba una enorme sonriza, refejaban tranquilidad, felicidad e inocencia que unicamente mi hermano Julian podia tener; mi gemelo era amable, tierno, una persona muy noble, tecnicamente el fue la mejor persona que pude conocer. Del lado contrario de mi hermano me encuentro yo, Stephan. En ese entonces, un niño pequeño, con postura de soldado, ojos fríos, pero alegres; mi rostro tenia dibujada una amplia sonriza... Puedo pensar que fue de las últimas que pude mostrar libremente.
Al ver esta imagen, sin poder evitarlo, mis verdes ojos comienzan a inundarse de gotas saladas, provocadas por los tormentosos recuerdos de aquella noche, aquellas horas en las que me di cuenta de la fragilidad del ser humano, ese odioso momento en el que me lo arrebataron todo.
Y es aqui en donde comienzan mis memorias de una noche triste
