Febrero

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Cuando Febrero llegó a la escuela, Abril ya había conocido a Maya. Sorprendentemente, a pesar de lo muy diferente que eran, se habían entendido muy bien, disfrutaban haciendo de todo juntas. Desde las rutinarias tareas de escuela hasta las más raras improvisaciones de deliciosos platillos que a punta de chantajes hacían comer a la víctima más cercana. Sin embargo, había un pequeño detalle que impedía que su amistad fuese perfecta, y es que cuando a Maya se le daba por hacer alguna actividad deportiva disque para mantener el cuerpo en forma, Abril salía corriendo como alma que se lleva el diablo, excusándose en que ni en sueños iba a convertirse en una bocuhueca (bonito cuerpo  con un hueco en la cabeza), y que prefería leer en esa media hora durante la cual se dedicarían a hacer el nuevo ejercicio. Con un "tútelopierdesaburrida" la pequeña chica de cabello corto y negro, conseguía sacársela de encima para dirigirse desde la sala de ejercicios que tenía preparada su amiga, hacia la estancia de la biblioteca, su parte favorita en aquella acogedora mini-mansión. Básicamente, así se la habían pasado, divirtiéndose como nunca, desde aquel mágico martes marzo en el que se habían conocido, justo después de que la insensible niñata de Lina le hubo cortado la larga cabellera a la muñeca de Abril y esta se hubiera puesto a llorar, apareció Maya como un ángel protector y la defendió de todo peligro para hacerle saber que estaba a su lado. La verdad, es que para Abril Maya  era su  ángel guerrero personal, hasta tenía pinta de serlo: ojos claros, cabello castaño, piel clara y mirada angelical (que solía transformarse en fulminadora cuando la hacían rabiar). Sí, una guerrerilla terrible escondida bajo la ternura de una niñita.
Llevaban tres largos años siendo lasmejoresamigasporsiempre hasta que una calurosa mañana de febrero, la profesora de arte(asignatura que Abril tenía a primera hora) ingresó al aula tomada de la mano un niño bastante peculiar.
-Chicos, este es su nuevo compañero Febrero. Trátenle con cariño y ayúdenle a ser parte de nuestra gran familia...-a ese punto tanto Abril como Maya ya no estaban escuchando lo que decía la maestra, sus ojos habían ido a centrar directamente su atención en el nuevo chico, que al percatarse de esta situación, se limitó a sonreír.
Febrero había llegado sin avisar, sin que Abril tuviera tiempo para preparase a enfrentar a su primera des-ilusión amorosa. Aunque le costara reconocerlo, había algo en ese muchacho moreno, delgado, de ojos grandes (Abril siempre había tenido una gran afinidad por todo lo que era ojón) y un año menor que ella, que le llegó a cautivar a medida que dejaba pasar lentamente el tiempo frente a sus ojos, sin saber que a Maya le pasaba lo mismo. Y lo malo parecía ponerse aún peor, poque solo había un Febrero y dos lindas muchachitas esperaban por él. Como era de esperarse, Maya decidió lanzarse a por él primero. Para no lastimar a Abril, decidió una tarde acabar con aquella bonita amistad que había surgido entre ambas, la acusó de una supuesta traición inexistente y no le volvió a dirgir la palabra desde entonces. En el fondo, le eataba doliendo perderla.
Tal vez, estaban destinada a odiarse, tal como sus hermanas mayores lo hacían. Quizá, existía una cadena de antiatracción filial que pasaba de generación en generación entre ambas familias. Por desgracia a Abril y Maya les había llegado su turno...en forma de un inteligente moreno ojón llamado Febrero.

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