I. Respira

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Hay momentos en que, a partir del crepúsculo, una sombra fría e incolora se insinúa, se desliza a lo largo del pasillo central, antes de colarse bajo las puertas de hierro hasta este pequeño espacio limitado rodeado por las paredes de las celdas.

Y esa misma opacidad es la que nos visita cada noche, fiel, inalterable. Por mas que pasemos horas mirando este vacío, no podemos adivinar ninguna señal antes de que despunte el día, tras las rejas eléctricas que amurallan el patio, en esta nada sin principio ni fin.

Aquí, el eco del rudo andar de los guardianes que se alejan marca el principio de la noche, exactamente a las doce ningun ruido perturba ya nuestro silencio.

En ese preciso instante la misma impresion de soledad y de perdida viene a apoderarse de cada uno de nosotros. Durante esas horas, ya nadie es capaz de dormir.

Se que es imposible conciliar el sueño en este lugar, es una de las primeras cosas que aprendi al llegar aqui, por mas que demos vueltas, que ronquemos, que tosamos, que hablemos en voz alta, se muy bien que en este lugar donde el aislamiento es mas duro que en cualquier otro, las noches se vuelven insomnes.

Estan los que lloran, las primeras semanas estos sollozos parecen gritos de revuelta y de odio. Y mas tarde en el transcurso de los meses, de los años, las lagrimas aprenderan a callarse hasta volverse plenamente inaudibles.
A pesar de ello, todavia existen, estan ahi, y el tiempo no conseguira jamas borrarlas del todo.

Estan los que rezan, es la unica salida que han encontrado para escapar de sus pesares. Los demas simplemente se conforman con soñar despiertos.

Por eso, a veces hacen ver que olvidan que todavia estan enclaustrados aqui por muchos años, unos se arrepienten, otros no, y despues estan los que con el tiempo, evolucionaran.

Pero lo que se es que ninguno de nosotros tendra fuerzas para dormirse. Incluso yo lo he intentado y a pesar de toda la voluntad del mundo soy incapaz.

El silencio es nuestra terapia. Es el que nos enseña a mirar el pasado, a afrontar nuestros actos, a combatir nuestros errores.

Es el que nos hace reflexionar y nos empuja a cuestionarnos; tambien el que nos guia, calma nuestra angustia o la hace resurgir, nos hace salir de la incertidumbre o nos sumerge en la locura.

Es el que amansa lo que somos, asesina el peso de las horas y lucha contra esa parte de nosotros mismos que quisieramos olvidar.

Hasta que los pasos de los guardianes vuelven a escucharse en el pasillo, de buena mañana, anunciándonos el inicio de un nuevo día, pero que, en definitiva, sigue siendo idéntico a los otros.  Así son nuestras noches, aquí, tras los barrotes de nuestra prisión.

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⏰ Last updated: Sep 05, 2025 ⏰

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