EL COMA
Por Roderick Gómez R.
Marco despertó del coma 3 días después. Técnicamente era un milagro, ningún médico esperaba que lograra salir de eso después de semejante traumatismo.
Había sido atacado violentamente por un hombre, un loco en la exaltación de su neurótica creencia de que el demonio vivía en Marco; al menos él no recordaba nada del terror, la desesperación, la lucha... Para Marco era un nuevo día y según los médicos no había daño cerebral a pesar de que un cuchillo de 30 centímetros casi le hubiese atravesado el cráneo.
La mente de Marco había bloqueado el hecho de que su vecino, el agradable señor Pérez, un día perdió la cabeza y se transformó en un psicópata totalmente seguro de que el diablo mismo vivía en el piso de al lado.
Marco tenía que estar de celebración, de alguna manera había sobrevivido, y lo estaba! Estaba exultante, no solo por seguir viendo los amaneceres cada día sino porque volvió distinto... No sabía como explicarlo pero algo había cambiado en él. Se sentía como parte del todo, como si Dios mismo lo hubiese protegido por alguna razón. Estaba totalmente convencido, no solo era el haberse recuperado milagrosamente, sino también los sueños que tenía desde que despertó, veía una luz muy brillante, cálida que lo envolvía y que estaba seguro le hablaba aunque él no entendía lo que le decía.
Cada noche el mismo sueño hasta que comenzó a experimentarlos también mientras estaba despierto; hasta que un día entendió lo que la luz le decía... Dios le estaba hablando, le decía que él estaba destinado a convertirse en sus manos en la tierra... Debía hacer lo que Dios no podía hacer por el mismo, se tenía que transformar en su ángel encarnado.
Dios le dijo muchas cosas, entre ellas que habían demonios ocultos en el cuerpo de algunas personas y que Marco como su ángel en la tierra debía de regresarlos al infierno y la única manera de hacerlo era matando a esas personas...
Efectivamente Marco era un milagro viviente. No solo había sobrevivido a un cuchillo de 30 centímetros incrustado en su cerebro sino que de alguna manera, la locura de su vecino, el buen señor Perez, se había traspasado también a él; al igual que lo hizo hacia el señor Perez a través de una transfusión de sangre y antes de él a otras miles de personas, extendiéndose como un virus que aun vive ahí afuera, invitándonos a matarnos los unos a los otros...
